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Cientos de personas se tomaron las calles en 2021, movidos por la indignación general sobre muchos temas que los afectaban y el pretexto fue protestar por una reforma tributaria. Esa movililización, genuina manifestación del descontento, fue también infiltrada por actores armados cuya participación ha sido confesada por ellos mismos directa e indirectamente. Algunos jóvenes se dejaron llevar por la violencia y algunos funcionarios públicos se excedieron fatal e irresponsablemente en el control de los desmanes.


Los sucesos me hicieron recordar una marcha en la que sí participé activamente cuando no había nada de COVID. A comienzos de los años 90, esta manifestación de la comunidad educativa buscaba protestar contra el gobierno distrital de Bogotá, por quitarnos una buena parte del colegio donde estudiábamos. Los actuales estudiantes del Colegio Helvetia me invitaron a escribir un artículo y decidí ofrecerles mi mirada sobre los hechos que acontecieron en dicha protesta ocurrida en el siglo y milenio o pasados.


Comparto acá el ejemplar completo del Periódico El Esporádico y mi artículo "Una marcha Helvetiana" que abre la edición:






Lee el artículo y el periódico completo en el siguiente archivo:


Por: Kris Stefany Baena Botero* [Biorelato]


Que bueno es nacer en el pacífico Que bueno es vivir en el pacífico Se vive lo natural y se disfruta lo mágico

Canción Pacífico de Herencia Timbiquí

Cuando algunos hablan de alineación del universo, muchas veces se refieren a cuando todo se confabula, se alinea y encaja perfectamente para que se genere un suceso. Eso fue lo que sucedió en uno de mis viajes a la ciudad de Cali para asistir al Festival Petronio Álvarez. Ocurrieron cinco alineaciones, cinco situaciones que definieron el viaje y lo sembraron definitiva e irremediablemente en mi nuestras memorias.


Primera alineación: todas listas

Escuché hablar por primera vez del Festival Petronio Álvarez gracias a Chavita, una de mis grandes amigas. Chavita tiene ancestros caleños y tuvo la fortuna de vivir algún tiempo en la ciudad de Cali, Colombia.



Varios años después de escuchar a Chavita hablar sobre el Festival, se produjo la primera alineación. Mi amiga estaba de nuevo en Colombia, pues esta mujer valiente había dejado todo para cumplir su sueño de estudiar en Europa. Yo estaba lista para ir a Cali y confirmé mi visita porque creo que al igual que los libros, los viajes llegan en el momento que estás preparada para recibirlos. A la aventura se unió Adela, una mujer de raíces chocoanas, que además de alegre es admirable.


Compramos los tiquetes con casi dos meses de anticipación y desde ese momento inició nuestro viaje. Salimos de Medellín un sábado de Agosto en el primer vuelo hacia la ciudad de Cali. Al subirnos al avión, además de ansiedad, las tres sentíamos grandes expectativas. En mi caso, por llegar de nuevo a la ciudad en la que un año antes bailé sin parar; Chavita por comer chontaduro y Adela por encontrase con su familia y deleitarse con un tamal chocoano. Al ver la cara de Adela en el avión, con esa sonrisa que uno tiene cuando el corazón esta alegre, le pregunté:


-¿Adela qué estás pensando?


-Estoy feliz, ir al Festival Petronio Álvarez es asistir a un reencuentro con mis raíces, con la cultura y las costumbres de mi gente que se van olvidando por la migración. Es reencontrarse con lo que uno es. Me siento de nuevo rodeada de los míos, es una manera de sentir que uno es parte de algo.


Segunda Alineación: dejemos que el viaje hable

Al llegar al aeropuerto de Cali, en mi cuerpo empezaron las sensaciones, me dio escalofrío y mi corazón empezó a palpitar muy fuerte; definitivamente tengo una conexión con esta ciudad que aún no logro entender. No sé si es la música, el baile, la gente o tal vez la combinación de todo.


Como toda buena planeadora, al llegar al aeropuerto de Cali le pregunté a Chavita:


- ¿Chavita cuál es el cronograma?


Su respuesta fue elocuente:


-Dejemos que el viaje hable


En el aeropuerto tomamos un bus hasta la terminal. Al llegar allí nos dividimos, Adela partió hacia la casa de su tía y Chavita y yo partimos hacia la casa de Doña Gloria.


Tercera alineación: el turbante

Nuestro encuentro fue a las 4:00 pm en la Ciudadela del Petronio. Allí nos encontramos con unos amigos de Chavita. Mientras caminábamos hacia la entrada, quedé sorprendida con la cantidad de personas que se dirigían hacia el lugar y además con la variedad de comida que nos ofrecían: mazorca, longaniza, arrechón, chontaduro y muchas cosas más.

Al entrar al lugar fuimos primero a la zona de comidas. Los amigos de Chavita fueron nuestros guías gastronómicos. En cada toldo que visitábamos, yo les preguntaba por todo lo que veía y ellos, con una gran paciencia, me contestaban. Tantos olores, colores y sabores evitaron que fuera fácil elegir qué comer. Después de caminar por un largo rato, me decidí por una empanada de camarones y como postre, opté por un helado de Naidí con Coco. Además de sorprenderme con la comida, no podía dejar de mirar a mi alrededor a los hombres grandes, fornidos, con atuendos coloridos al estilo africano y a las mujeres con sus vestidos largos de muchos colores, la mayoría con grandes peinados y luciendo magestusos turbantes. Todos ellos tenían algo en común: un rostro sonriente y el orgullo por sus raíces.



Ya contagiada por la energía del Petronio, decidí colocarme un turbante en mi cabeza. Ese que para nosotras es un accesorio, para las mujeres del Pacífico es una poderosa representación de sus raíces. El primer paso fue escoger el pañuelo, el segundo fue escoger la forma, y el tercero fue mirarme al espejo porque el turbante lo colocaron con tan contundente agilidad, que no me di cuenta del proceso. Después de mirarme al espejo, Ana, la hermosa mujer que dispuso aquel turbante en mi cabeza, me miró y con una gran sonrisa dijo:

-Mire como la dejé de hermosa…


Cuarta alineación: el encuentro

Finalizando la tarde nos encontramos con Adela. Llegó al Festival acompañada de sus primas, mujeres caracterizadas por un carisma increíble y con las cuales me reí como nunca a causa del viche y del arrechón.


Después de comer y de lucir radiante el turbante, entramos a la zona de los conciertos.


Nos preparamos con el pañuelo blanco típico del currulao. Movimos nuestros pañuelos al ritmo de la marimba, la juga y el bunde. Las emociones de nuevo se mezclaron, el oleaje de tantos pañuelos blancos cuyo movimiento fue desenacenándose en una sorprendente armonía y ver a adultos, ancianos, niños y jóvenes bailando… todas estas emociones se confabularon para que salieran de mis ojos las primeras lágrimas.


Minutos antes de que empezará el grupo más esperado de la noche, y aunque con muy pocas esperanzas de vernos, le envié nuestra ubicación a Castro, un gran amigo desde la adolescencia. Pero el universo me tenía guardada una sorpresa, en medio de la multitud, él pudo encontrarnos. Al verlo sentí una alegría enorme, pues Castro es de esos amigos que siempre están presentes y los llevas en el corazón.


Sonó de nuevo la marimba y los gritos se hicieron más fuertes. De nuevo, otra lágrima recorrió mi rostro y con mucha energía canté a todo pulmón, al tiempo que movía con más propiedad aquel pañuelo blanco.


Quinta alineación: el final

Al otro día llegamos al Petronio un poco más tarde. Esperábamos con ansias a la agrupación Chocquibtown. Iniciaron con la canción SOMOS PACÍFICO. Todos bailamos y movimos el pañuelo blanco. Chocquibtown tocó todas las canciones esperadas y al final cantaron “De dónde vengo yo”. En ese momento pensé que el lugar iba a explotar.


Al terminar el concierto me sentí profundamente feliz con la vida por haberme permitido este viaje; feliz de compartir con todo el pacífico, Tumaco, Guapi, Timbiquí, Buenaventura, Cajambre, Yurumaguí, Anchicayá, Palestina, Condoto, Itsmina, Nóvita, Tadó, Sipí, Nuquí, Bahía Solano, Pizarro, todos presentes en el Festival Petronio Álvarez. Feliz también de reconocer la diversidad de Colombia, esa diversidad que la hace única e irrepetible. Los sabores, los colores, todos tan diferentes, tan mágicos, cada uno representa una región distinta para hacer maravillosa a nuestra Colombia.


Hoy, después de vivir el Petronio, entiendo: los padres llevan a los niños al Petronio para que la tradición continúe, para que no olviden sus raíces, para que, como lo dice Adela, se sientan parte de algo: Los ancianos van para recordar, para sentir un pedacito de ese lugar que algunos hace tantos años tuvieron que dejar, porque a veces recodar con amor revitaliza.


Siempre he dicho que todos los lugares tienen una energía que los identifica. Hoy aún no sé cómo definir la energía del Petronio, sólo puedo decir que en el Petronio canté, bailé, lloré, sentí alegría, libertad y agradecimiento. Hoy después del Petronio, puedo decir que Colombia es pacífico, que todos somos pacífico… y que Yo Soy Pacífico. FIN


Recomendación:

Después de leer este pequeño escrito siéntese en un lugar tranquilo. Ponga en cualquier dispositivo que le permita reproducir música, la canción Amanecé de Herencia Timbiquí. Luego, imagínese un río caudaloso, color café oscuro en apariencia calmado y en las orillas manglares verdes y frondosos, después sobre ese río, imagine una balsa de madera, de esas largas y angostas. Móntese en la balsa, mire hacia el frente y regale una sonrisa a ese hombre alto, de piel tostada que va moviendo la balsa, mire hacia arriba y mire el cielo que, aunque gris es un lindo cielo. Cierre los ojos, inhale y exhale. Por último, ya en el Pacífico mientras escucha la canción permítase disfrutar el viaje.




*Kris Stefany Baena Botero nacíó en Medellín en el mes de Octubre de 1983.

Es Ingeniera Civil de la Universidad Nacional de Colombia. Amante de la naturaleza y de los animales. De sus abuelas heredó el amor por la lectura y gracias a su padre escucha salsa así como el fútbol siempre ha estado presente en mi vida gracias a él. Bailar una de sus pasiones, viajar la otra. Kris dice que “nada mejor que descubrir lo mágico de los lugares y de las personas”. Síguela en instagram como @Krispo.16


Por: Murdock*

Luego de mucho tiempo de vivir el onanismo, su amigo gay le dijo que descargara Tinder y Grindr... lo pensó bastante para ser un hombre de 38 años. Lo pensó entre uno y dos segundos.


En su navegación por la red, para buscar entretenimiento erótico, conoció personas interesantes y el “verano sexual” como osaba categorizarlo, terminó convirtiéndose en un invierno de orgasmos, en la fría conexión con los demás sólo a partir del intercambio sexual. Su táctica era sencilla: "Quiero disfrutar y que me disfrutes... si quieres algo más, estás con la persona equivocada".


Pasaron unos meses en ese juego prácticamente impersonal y una tarde, por culpa de un bloqueo en el tráfico, tuvo que bajar del bus que lo transportaba ahí volvió a ver a una chica quien, luego de un encuentro gracias a una aplicación, le había dicho, sin asomo de pudor: “me encanta ver como me disfrutas...”. En su curiosa normativa, este hombre tenía una regla inapelable: “nada de repitis”. (Si no sabes qué es eso. Debes dejar de leer este texto)


En el bus, luego de reconocerse el uno con la otra o la una con el otro, porque no es posible establecer quién reconoció primero a su antigua pareja sexual, José constató que, a su lado y con un tremendo abrazo, a Rocío la acompañaba una mujer a la que se le notaba un miedo a ser descubierta, sin embargo, como reacción inmediata para calmarla, Rocío intentó besarla frente a este José, pero como acto reflejo la otra mujer decidió rechazar el beso.


Gracias a la presencia policial, el bus arrancó con la extraña fortuna para los tres que el movimiento del bus los acercó a los tres y ese fue el instante preciso en el que la orientación de estas tres vidas cambió de lugar...


Como si se tratara de un despido del pudor, ellas se besaron a milímetros del rostro de José. Por fin Angélica correspondió el beso de manera apasionada, cómo sólo lo puede hacer una mujer enamorada. Rocío abrió los ojos y miró a José mientras continuaba con el beso. Los tres olvidaron por completo que en el bus había otros ciudadanos y Rocío tomó el rostro de su pareja con su mano y lo llevó al de José. Se besaron en extraño rapto de mutua complicidad y en ese momento podemos inferir que, como si obedecieran más a estímulos biológicos carentes de algún asomo moral, la voluntad de contenerse ya había desaparecido por completo..


José las abrazó y les dijo: "¡es momento de disfrutar... la resistencia es feminista anti- hegemónica y matrimonial de pareja!".


Comenzó entre ellos un acuerdo poliamoroso que ninguno había sospechado antes y luego de meses de vivir juntos, sus mentes cambiaron... su compañerismo y la búsqueda de nuevos placeres se hizo cada vez más fuerte. Empezaron a cocinar uno para el otro con el ánimo de descubrir todo lo que los excitaba. Se convirtieron en exclusivos, signifique lo que eso signifique. Decidieron grabarse...durante la cotidianidad del sexo. También se grabaron durante cada uno de esos momentos extraordinarios de compartir el pan y en cuando jugaron a llenar la pared de pintura..


Los tres trabajaban ... , los tres estudiaban, ... los tres gozaban hasta que, contrario a los planes de cada uno, ambas mujeres comprobaron que tenían un retraso en su periodo. José sintió que el mundo cambió.


Ambas decidieron tener a los bebés. Siempre es decisión de ellas así parezca lo contrario. Él, en cambio, dedicó más tiempo a las labores de la casa y por supuesto, a consentirlas. El masaje de los pies de ellas se convirtió en rutina mientras elucubraban sobre los nombres que iban a ponerle a los bebés. Había un compartido sentimiento compartido de co-presencia y familiaridad como sil, contrario a las tradiciones que habían tenido cada uno en su educación, ahora se permitieran sentirse como en familia.


Y llegaron los momentos cruciales para el embarazo de ambas, las ecografías, las preguntas, el sistema médico, la tramitología.


- ¿El papá de los dos niños es usted?


Finalmente llegó lo que algunas personas consideran como la típica conversación heteropatriarcal...


-¿Nos casamos?”


Ellas se miraron... y como si hubiera preparada para esa situación, la más joven sacó tres anillos y se ubicó de rodillas ante la que consideraba su “reina”. Finalmente él les colocó el anillo e hizo lo mismo con el suyo para decirles con absoluta determinación: “estamos comprometidos”.


El sexo murió, pero nació la ansiedad, los cuidados por una y la otra. Vino la compra de la ropa, las cunas, los pañales, los cuidados y como quien no quiere la cosa, apareció el peor de los fantasmas para esa unión extraña y pocas veces vista... la desaprobación por parte de las familias de los tres.


Posterior al escarnio, optaron por cuatro nombres, es decir, dos nombres compuestos para cada bebé: Sophia Selene y Pedro Alejandro.


La niña y el niño nacieron con pocas horas de separación. En medio de una pandemia, el milagro de la vida es se manifestó de manera profunda y sorprendentemente. A los seis meses de coordinar las horas de cuentos con canciones, los pañales y los cuidados, decidieron cambiar algo... empezaron a usar ropa en su casa, no más la desnudez. Todos dormían en una sola habitación, decisión que no dejó de traerles algunos ligeros disgustos, pero nada muy definitivo o irremediable.


Primero caminó la niña y poco después al niño.


La cotidianidad los vio decirse frases como aquella durante una cena, expresada por José durante y en una comilona de pasta: “somos la familia más común de lo fuera de lo común”.


Cuentan los que han llegado a conocerlos que esta extraña familia no ha decidido todavía emprender una campaña activista para que su vínculo pase de ser informal a ser legal ante la ley. Cuentan los que saben que el amor surge hasta en los encuentros más inesperados.

FIN


Relato de humor, erótico que reflexiona sobre el poliamor y la particularidad de un amor inesperado. El Relato del domingo lo publica con autorización de su autor con la advertencia de hacerlo bajo un seudónimo.


Murdock dice sin ruborizarse que duda de todo, hasta de lo que come. "Creo en lo que vivo a pesar que los sentidos me engañen, como las siliconas. Siempre estoy cerca de ti, soy el diablillo de tus malas decisiones".

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