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Capítulo 2 de La Investigación (Serie)




“Si a tu ventana llega

una paloma, trátala con cariño

que es mi persona.

Cuéntale tus amores,

 bien de mi vida,

corónala de flores

que es cosa mía”.

Sebastián Iradier (en la voz de Libertad Lamarque)

 

En el capítulo anterior veíamos que la enamorada pareja comparte un almuerzo mientras tratan de olvidarse un poco de sus trabajos. Ella, Laura, 32 años, piel suave, ojos claros, 55 Kg en 168 cm de cuerpo atlético. Ha ascendido en el mundo del mercadeo por su esfuerzo y por el talento para relacionar a las personas. Él, Miguel, 40 años, a medio afeitar, ojos café, 70 Kg en 167 cm de cuerpo poco atlético. Terminó la carrera de filosofía antes que la de periodismo y ha escalado con dificultad, pero con mérito. Ahora aspira a ser editor. Y sobre todo, repudia la corrupción, asunto que lo obsesiona.

 

-No hay afán con esta crónica, lo que sí necesitan urgente es el publi del otro evento.

-Te van a encantar los pasa-bocas.

-Yo voy porque toca y porque estás allá, pero no me gustan tantas etiquetas ni tantas sonrisas.

-Desamárgate. A ti por lo menos no te toca correrle al cliente. Disfruta. Hasta políticos van a ir, mámales gallo, tú que sí puedes.


Laura y Miguel retratados en acuarela

 

La mesera del Capricci observa la copa de Laura y decide acercarse para ofrecerle más.

 

-Gracias, con una ya estoy bien.

-¿El señor desea algo más?

-Tráenos la carta de postres, por favor. Alguno de los dos se va a antojar.

-La particular dieta del periodista, flaco.

-Es que yo lo pido para que tú me ayudes a calificarlo, doña catering.

-Con gusto, les recomiendo el tiramisú de amaretto.

 

Al otro lado de la ciudad se maquina un juego de poder. En una cafetería, el concejal Ampudia recibe una nota con el nombre de nuestro periodista:

 

Este es el teléfono, búsquelo y le dice que el Concejal ya tiene a su ficha lista en la Secretaría de Movilidad y que el contrato se lo van a otorgar a dedo. Usted coma callado que nadie sospecha…

 

En el Salón Comunal del Barrio Villa Perla, un bombillo se apaga sin que nadie lo note. A esta hora no hay necesidad de encender la luz eléctrica. Ocultos tras un amigable sonsonete de música popular, dos líderes del barrio darán una charla a los vecinos. El tema: adecuado uso del espacio público.

 

La voz de cada uno de ellos no se alcanza a filtrar afuera del salón. Unos sujetos se asoman a la ventana pensando que habrá una fiesta. 16 personas recibirán, al final de la charla, un incentivo para obtener un descuento especial en el negocio de don Lucho. Luis Ernesto es tío político de uno de los ediles que convocó la reunión. La miscelánea de Lucho cuenta con dos jóvenes, menores de edad, que llevan cada uno en su bicicleta, por todo el barrio, los domicilios en sus bicicletas. Te llevan desde un lápiz hasta una menta, si tienes el privilegio de la amistad con el tendero. Para los clientes nuevos es preferible que su compra no sea menor al 5% del valor que se merecen “los chinos de las ciclas” en un día laboral tranquilo. Don Lucho ya consideró la posibilidad de contratar a uno solo, cuando cumpla los 18 y acepte el trato: “50 lucas diarias y las propinas son suyas, chino”.

 

-Necesitamos que las motos no se suban al andén para que doña Fanny pueda pasar en la silla- sostiene uno de los ediles.

 

Doña Fanny es la abuela mayor del barrio. Hace décadas no camina por sí sola. Cuentan los que la conocieron en su juventud que brincaba como gato cuando el barrio apenas consiguió la validación gubernamental para instaurar el alcantarillado. Si alguien quiere conocer la historia de cada uno de los habitantes de este sector, debe preguntarle a ella, antes de que su memoria se apague o comience a confundir a uno con otro, a una con otra o a su propia hija con su madre. De ella no nos ocuparemos por ahora porque lo que nos compete en esta historia es recordar que viene una gran fiesta y no todos están invitados.

 

-Necesitamos muchas mejoras, los colores de las escaleras ya se vencieron. El semáforo que da a la avenida es más lento para los que caminamos y más rápido para los carros, pero no todos tenemos carro, mi edil.

 

-Sí señor, necesitamos muchas cosas. Y las vamos a conseguir, pero necesitamos unirnos.

 

-El colegio quedó bonito, y ahí sí no hay huecos, pero mi edil, vaya usted a donde Rosa y sacará oro si esculca el charco al frente de su frutería.

 

-Gracias por el reconocimiento, vamos a ir allá, como dice mi colega, necesitamos unirnos.

 

En el fondo inquietante del salón, la pareja de uno de estos dos ediles hace sonar la canción “La Paloma”. No conoce al artista, ni sabe de dónde sacó esa melodía, pero el azar del algoritmo les da ese regalo a todos, para que se relajen. Una aplicación decidió por ella cuál música sonar, sin que ninguno de los presentes objete el criterio. Poco a poco, para señalarle a los socios que se acaba el tiempo. La improvisada di yei buscará a otro artista, más conocido, con un volumen más generoso, para que todos comiencen a separarse y se acabe por fin la reunión.

 

Castor le dice a Elías que le entregue a cada uno de los asistentes el cupón y que los invite a traer 5 personas más el próximo sábado, que “habrá sancocho”. Mientras tanto, observa un mensaje en su pantallita:

 

-Cómo le fue con la gente?

 

La respuesta será concreta cuando llame al Concejal:

 

-“Listo, esta gente vota porque vota, usted tranquilo”.

 

Se acercan las elecciones, acá el que más sume gente, gana. Los dos jóvenes militan en partidos distintos, pero en esta pequeña empresa tienen un objetivo común: mejorar las condiciones del barrio porque la próxima vez ambos aspirarán al Concejo de la ciudad. En la ciudad de Bogotá, Colombia, las organizaciones sociales surgen por coordinación espontánea, por necesidades básicas, por intereses comerciales. Con ayuda del gobierno local, del nacional o sin la ayuda de estos. Los habitantes de los barrios provienen de distintas zonas del país, incluso del mundo. No es extraño encontrar a un nieto de un judío que huyó del Reich encamado con la hija de un francés que tuvo que abandonarla para recorrer el oscuro laberinto de la dependencia a algún estupefaciente. La colombianidad en toda su expresión cultural vive y colorea las calles. Bogotano es, aquel que vive en la ciudad, haya nacido o no en ella. Y bogotanos son Laura, Miguel, Doña Fanny, Castor, su novia, el Concejal Ampudia, Elias y Don Lucho, sobre quienes probablemente sabremos más el próximo capítulo, cuando veamos qué tal les fue a los novios del capítulo 1 en su rutina sexual…


Esta historia continuará el próximo domingo 25 de enero.

Lee acá el primer capítulo titulado Laura y Miguel


Este texto fue imaginado, escrito, elaborado, corregido y publicado por un ser humano sin la asistencia de alguna inteligencia artificial. La única inteligencia artificial usada fue la de la imagen.

Autor: Luis Felipe Jiménez Jiménez J. Bogotá, enero de 2026

©️Todos los derechos reservados.

Imagen: GrokAI


Laura y Miguel


"El mayor privilegio, la mayor libertad, es no tener

nunca miedo a equivocarse"

George Steiner


Aterrizado por la pesadísima gripa que lo contuvo, Miguel decide beber el último sorbo de agua con limón, jengibre y miel. Quiere descubrir sobre su escritorio las nuevas pistas de su investigación. Recortes de prensa; un mapa mediocre dibujado a mano; la fotocopia de un registro notarial; pequeñas notas en post its de varios colores; un bolígrafo seco y uno vigente… todo ha sido cuidadosamente resguardado por una toalla que impide el maltrato del sol, cuando nuestro periodista no está en su apartamento.

 

Sin sonar, el celular vibra y la pantalla refleja su rostro integrado con la palabra “Lau”. No escuchará un reproche, aunque lo sospeche.

 

-¿Cómo sigues, mi amor?

-Mejor, ya casi sin mocos.

-¿Quieres que te lleve algo?

-Tranqui, salgo apenas me bañe. Veámonos en el Capricci

 

No quiere involucrarla, aunque se muere por contarle los avances. Decide que el almuerzo con su pareja no debe mancharse con las urgencias del trabajo. Hay mucho por planear:  la búsqueda de un apartamento, ese viaje soñado sin interrupciones, unos días para los dos, sin contestar el celular, sin llamadas de la jefe a media noche, sin la inclemencia de las deudas.

 

Laura conoció a Miguel en una activación de marca. “Por chepa”, dice él. Reemplazar a Bermúdez en los publirreportajes nunca fue su actividad preferida. Sin embargo, su talento con las crónicas lo puso ahí y “por lo menos se come rico”.

 

En dicho evento, Laura coordinó clientes, convenció a la estrella pop, le asignó un lugar a cada uno de los influencers, recibió al coordinador de meseros y hasta capturó con su celular el mejor plano del colado político, invitado por nadie, que quiso darse un baño de halagos y de “siga por acá doctor, bienvenido”. Laura lo capturó con zoom antes y después del pase de cocaína con el que el funcionario público pretendió esquivar las críticas. Laura siempre ha sido una mujer pulpo y por eso le confieren más responsabilidades que las que firmó en el contrato.

 

Para Miguel hay una nueva obsesión: comunicarle a la opinión que cuando se habla de corrupción “no deben pasar de agache” las empresas privadas que cohonestan con los funcionarios o con las entidades públicas. Tiene el visto bueno de su jefa para indagar allí donde su intuición lo convoque. Por tratarse de una posible “bomba informativa” que consolidará al nuevo medio, ella le dio vía libre a Miguel para ausentarse de algunos comités de redacción, siempre y cuando cumpla con las responsabilidades adquiridas. Como la de atender el evento en el que conoció a Laura y narrar con humor todo lo que acontecía. Es su periodista estrella y sabe que la trivialidad no dañará la pulsión olfativa de Miguel. Quizá durante el intercambio de sonrisas se le despeja la mente para continuar con la rigurosidad de cada denuncia.

 

Laura admira el ímpetu de su novio y lo animó, dos meses antes, sin falsa condescendencia, a investigar al grupo económico dueño de la agencia de relaciones públicas para la que ella trabaja. Él, no obstante, le insistirá una vez más, durante el almuerzo, que su actual pesquisa no ubica, al menos por el momento, al segundo conglomerado de empresas más grande del país.

 

-Menos mal, flaco, porque en una de esas terminas investigando hasta el color de mi ropa interior y te obligo a quitármela.

 

El humor de Laura lo cautivó rápido cuando se conocieron. Esa capacidad para sacarlo del afán, para derretir cualquier preocupación, para evaporar angustias.

 

-Eso que pediste para tomar, ahora hace parte del Grupo Volkano. Compraron la planta de producción en octubre del año pasado y asumieron el control. Ya tienen mayoría en la Junta Directiva.

-Me encanta, es baja en azúcar

-Ni que te preocupara la diabetes, amor. Y ya estás muy flaco. ¿No será que trabajas más de lo que descansas y comes menos?

-Laura del Socorro, socórreme, pero no me socorras tanto.

-Tú dime cuándo me necesitas y te doy respiración boca a boca, churro…

-Tu mal gusto me enamora.

-Bobito, mejor cuéntame sobre la investigación, la crónica esa que vas a escribir. ¿Cuándo la publican?

- Te la cuento esta noche cuando nos comamos…

 

A estas alturas de la conversación, ambos ignoran que el flujo normal de los hechos y el transcurrir espontáneo del azar, los llevarán a conocer una realidad menos grata que los retará como pareja…

Esta historia continuará el próximo domingo 17 de enero…



Miguel y la investigación secreta

 

Autor: Luis Felipe Jiménez Jiménez, Bogotá, enero de 2026

© Todos los derechos reservados

Este texto fue imaginado, escrito, redactado y corregido enteramente por un ser humano, sin la asistencia de cualquier inteligencia artificial. El único uso de una IA fue el de la creación de la imagen.

Imagen: Meta AI

“Podría ser rey de un espacio infinito y, sin embargo, estar confinado en una cáscara de nuez.”

Hamlet


-¿Primo, supiste que llegó Celino?

-Joda, ya era hora, ese man desde que se lo llevó la cachaca se olvidó de todos.

-Vino con un loco ahí con billete y están en la casa de Wily, la hembra no vino.

-¿Y esa vaina?

-Que se van a quedar tres meses pa una vaina del Alcalde. La cachaca llega la otra - semana.

-Ese man siempre quiso ser político, salúdamelo y dile que yo invito las latas…


Sensación térmica 37 grados, humedad 67%, el viento descoloca un nido sin causarle mayores estragos. Abajo, el sabio calla mientras espera que lleguen sus nietos. Su compa expande la cuerda que afina un tambor. Antes de cachetear el patacón con suero van a cantarle a alguna nostalgia.


Me cambiaste por otro que te dejó por otra

perdón por amarla y no amarte má.

Me cambiaste por otro que te dejó por otra

pa ninguno habrá felicidá…


El Alcalde sabe que en pocos días tendrá a todos los clientes reunidos entorno a un prometedor acordeonero. El músico y un joven aspirante a juglar, ambos con el mismo número en la camiseta, agradecerán en público al Alcalde, con un abrazo y, en privado recibirán un fajo de larga devaluación.  


El sabio ya sabe lo que va a pasar, prácticamente nada nuevo. Unos tendrán más comida, otros estrenarán tejas. Al menos el agua ya llega tres días a la semana.


Un carrotanque traerá sonrisas. El trifásico garantizará la fuerza para el baile. Y servirá para el ratón, la maluquera, el reproche. Acá nadie puede quedar deshidratado porque la otra semana toca volver a trabajar.


¿Quién no se mueve por una promesa?


¿Quién no se mueve por una ilusión?


En San Anturio la tienen clara, el mes entrante llega otro prometedor.


-A ese le sacamos tarima hace cuatro años

-Se quemó, jajajajaja

-Jodaaa, esos manes si son tercos.


Uno de dos compadres enfría los dedos con la última cerveza de la tienda, lo que no se vendió. La sombra del sediento apenas se proyecta seis centímetros de la silla improvisada con un tronco. De acá a allá, el único rumor que corre es que más tarde volverá el viento. La siesta es sagrada, pero no todos duermen.


En el despacho privado del Alcalde, el mármol de rápido trapeo jubiló a las tablas. Cualquiera que pise el honorable recinto debe tener un buen amigo con poder, o la ambición del contrato público. Si la piedra hablara, al pasado no le pesarían secretos.


Shhhhhhh, come callado, come… come callado….. shhhhhh

 

-Nombe, allá en Tolé me contrataron al cuñado para la mejora del alcantarillao; ese man pone para la orquesta, los refrigerios y las camisetas.

-Tonces todo listo, salú

-Salú, mi Alcalde.


Wilian de cuna, Wily de cariño, 36 años, casado dos veces, siete hijos en Córdoba, dos varones y dos niñas. La menor vive solita con su mamá en Barranquilla. A él lo tranquiliza que toda su descendencia tiene por ahora pal pescao, pal mote e queso y la cabeza e gato.

 

Con el Alcalde jugaron beisbol cuando niños. También patearon el balón. Ahora son cómplices de la fiesta del año: las elecciones.

 

El sabio retira de un soplo a una mosca de la hamaca y le dice a su nieta:


-Mañana hay fiesta en el pueblo, pero no te creas todo lo que veas.


Isabel no comprende, todavía, pero tampoco duda. El abuelo siempre tiene la razón.


Un único rival tiene Wily en su aspiración al Concejo del municipio: el hermano del cuñado de la exalcaldesa. Ya hay dos bandos entre los cuales se decidirá quién accede a la administración municipal y quién le hará el control desde el Concejo, como consagra la ley. Los demás partidos son de relleno y no alcanzarán ninguna mayoría significativa. Sin embargo, para todos hay trago, para todos hay música y carnaval.  


Cuando el acordeonero repite el último verso que cierra la tragedia del enamorado y el cantante está listo para devolver la venia; Isabel observa algo extraño debajo de la tarima: dos adultos cuya disputa era pública y su odio los tenía separados, están pegados por un abrazo. La niña intuye reconciliación, pero no entiende; ayer los escuchó gritarse y su abuelo resumió: “es por plata”.


Cuentan los que saben que pasados los meses nadie recuerda el rencor y camisetas de ambos partidos sirven de trapo.


El abuelo tenía razón, se dice. Y rememora otra de las sabidurías que aquel alzaba al vaivén de la hamaca:


-Acá nos reímos de los políticos que pagan nuestras fiestas, las que hacemos con el billete de otro pueblo o con el billete nuestro, el que no tenemos, ni tendremos, el que cada vez vale menos.

FIN

Foto: GrokX

La única asistencia de una inteligencia artificial en este relato literario fue la del uso de la imagen, el texto ha sido imaginado, escrito, corregido y publicado enteramente por un ser humano.

Autor: Luis Felipe Jiménez Jiménez. Bogotá, Colombia

© Todos los derechos reservados. Enero de 2026.

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