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¿Quién te dijo que el pasado que viviste es más honroso que este, mi presente, para que vengas con tu soberbia a imponer tu manera de pensar?


Con este pregunta - respuesta, quiso Sara que el diálogo terminara. Vemos en sus palabras su determinación y su crudeza. Impetuosa enfrentó el argumento de Mauricio y lo dejó con pocas ganas de debatir. Sin embargo, de la discusión pasaron al diálogo porque ella tenía la información que él buscaba.


El azar quiso que cambiaran de tema en ese pasillo de biblioteca donde hablarse no es rutina, sino necesidad y cada diálogo, generalmente, se supedita a lo elemental: en el pasillo de atrás están los libros de ciencias o el baño para damas queda en la otra sala. 


Una pantalla que promocionaba las actividades culturales convocó a más personas para las manualidades con plastilina que a los encuentros semanales propuesto por una promotora de lectura cuyo objetivo esencial era reivindicar la importancia histórica de la obra de Simone de Beauvoir.  


Sara, cansada del tedio por las mismas inquietudes, prefería ser corta en cada solución, prefería resolver rápido las urgencias, pero la discusión con el visitante anónimo le despertó una rivalidad inconsciente. 


Fue la tercera vez que se vieron cuando supo su nombre. Señor Mauricio, le pareció a él demasiado formal y le propuso Mauricio o Mauro, a secas. Por supuesto, Sara no aceptó el Mauro porque no sentía que la confianza pudiera establecerse tan rápido. 


Los libros sobre medicina abrieron la puerta a la reflexión entre ambos sobre el sentido de la vida y sobre por qué cuidarse con la alimentación resultaba ser, para ambos, una más de las obsesiones de algunas personas. Ella insistió que el azúcar no era tan mala como se la estaban vendiendo al mundo y él defendió los carbohidratos. 


Fue justo el tema de las dietas lo que hizo que ambos recordaron a un familiar en cama. Se dijeron mentalmente, sin confesarlo verbalmente, que el miedo a enfermar hacía parte de las listas de sus preocupaciones. Mauricio, con 20 años más de experiencia, no supo cómo esconder su fascinación por ese pan redondo relleno de dulce de guayaba que Sara nunca probó y que le parecía un engaño por su forma, por el círculo sin nada. 

Ambos rieron cuando Mauricio explicó que el vacío servía para que la botella de gaseosa sostuviera el manjar y el pan dulce no fuera devorado por las hormigas. 


Ese man está vivo, le dijo ella. Vaya a la habitación 204 y diga en la entrada que usted es un familiar. Si le piden la cédula diga que no la tiene ahí, pero que anoten… cuarenta y nueve millones trescientos veinti cinco…


Voy a visitarlo y que me cuente él si fue verdad o no lo que se dice, realmente es la única persona viva que podría confirmar o desmentir el rumor, gracias, señorita Sara. 


Mauricio no prometió volver para contarle, pero el gesto entre sus ojos dijo lo que sus bocas no pudo: esta historia la construimos entre los dos. 


Sara dejó de visitar al enfermo y las legítimas razones de esa decisión las podrás conocer el próximo domingo con la segunda parte de la visita oportuna. Por ahora, lo que debes saber es que Mauricio llegó hasta la puerta de la habitación del moribundo, a tiempo, pero una persona no quiso que él entrara…

La visita oportuna puedes no esperarla, pero llega.
La visita oportuna es un relato de ficción inspirado en la salud humana.

Autor: Luis Felipe Jiménez. Este texto fue imaginado, escrito, redactado y corregido sin la asistencia de alguna inteligencia artificial en Bogotá, Colombia, 2026. Está registrado en una plataforma que protege los derechos de autor. Si te gusta, compártelo. La imagen fue creada con Grok AI, la IA de X.



Capítulo II


-¿El señor es familiar del paciente?

-Buenos días

-Buenos días ¿el señor es familiar del paciente?

-Sí, soy el primo

-Documento por favor

-No lo tengo, mi nombre es Guillermo Gutiérrez Salmé, cédula de ciudadanía…

-Don Guillermo, no lo podemos dejar ingresar porque le van a hacer un examen y hay que trasladarlo ¿sumercé puede venir más tarde?

-Sí, señorita, yo vengo más tarde. ¿A qué hora puedo visitarlo?

-Venga en dos horas, el horario de visita es hasta las 8. 

-¿Puedo quedarme esta noche con él?

-Sí, señor, ya le traigo el formato para que me lo llene, por favor déjelo con la jefe Marcela.

-Gracias señorita. 


Mauricio se la jugó, no tenía la intencIón de dormir en el hospital, pero esto le daba más tiempo. Su investigación no iba a perderse por la inoportuna necedad de un trámite. Llamó a la mamá de su hija y, con una promesa, acordaron que al otro día irían los tres al parque preferido de la niña.


En una camilla incómoda, el cuerpo caliente de Clemente llegó hasta una sala de espera. Sin prioridad, el examen especializado requería de la última máquina importada gracias a un donador millonario. 


Dos personas conscientes llegaron antes y siguen esperando cada una su turno: un motociclista imprudente y una abuelita con una severa deficiencia en los huesos. 


No hay cama pa tanta gente, se dijo el enfermero que trasladó el cuerpo dormido de Clemente. 


En la cafetería contigua a la clínica, Mauricio escribió las preguntas que planeaba hacerle a Clemente. La primera en su imaginario diálogo fue:


-¿Usted realmente quería salvarle la vida a ese tipo?


Esta historia continuará el próximo domingo 27 de septiembre...


No hay cama pa tanta gente es el capítulo 2 de La visita oportuna.
No hay cama pa tanta gente es el segundo capítulo de "La visita oportuna". Imagen hecha con la asistencia de Gemini AI

Autor: Luis Felipe Jiménez. Este texto fue imaginado, creado, escrito, corregido y editado sin la asistencia de alguna inteligencia artificial. Todos los derechos reservados, Bogotá, Colombia, septiembre de 2026 © Safecreative.

Francisca Munay, oriunda del altiplano, millonaria por azar, resolvió dedicar su energía y su fortuna, a sus escasos treinta y nueve años de edad, a reconstruir las razones según las cuales Dios quiso que fuera ella "la responsable de su propia suerte". Nunca se sintió más sola que cuando supo una verdad...


No cometió ningún delito, no robó a nadie. Tampoco quiso ser política. Le prometieron ser líder, aunque le dijeron que se auto-denominara "lidereza". También le prometieron que de pastora podría "encarrilar mejor a la juventud". Unos lavadores de dinero le quisieron comprar el premio con una cifra que despreció, por fortuna. Le acercaron un discurso que enfrenta al hombre con la mujer y resolvió que no era ella quien debía asumir esa revancha. 


Su decisión, contrario a los múltiples consejos, fue descubrir quién había sido su madre, su padre y por qué la abandonaron. Invirtió parte de su dinero en una tras-otra-tras-otra largas investigaciones.


Cuando supo que la familia que la adoptó no eran las personas que la concibieron, dejó de preguntarse por el amor sexual y comenzó a hilar entre el miedo, la desesperanza y su mayor desafío: la incertidumbre. Donó la mitad de su fortuna a una fundación que no lleva su nombre y pellizcó relatos entre quienes conocieron el entorno de su familia adoptiva. Reconstruir el pasado se convirtió en su obstinación. Más que un hábito, lo tomó como una disciplina.


Encontró incompatibles versiones que fueron construyendo, en su agenda, un diario desordenado de teorías, hasta que comprendió que su madre biológica ya no iba a regresar. 


Esta fue la mitad del diálogo que cerró su búsqueda, tres días antes de morir, por razones que nos permitimos no compartir:


-Sumercé tranquila, es la quinta, son treinta palos y los costos del mantenimiento los asume usted, pero ella le garantiza que la criatura le nace sana, bella y sin complicaciones. La primera niña casi se nos va y ella también, pero ya después de la segunda, todos felices. Tome su decisión tranquila y me llama. Le presento a F para que le de confianza, ella es seria en sus cosas. Mire estas foticos de cuando estaba esperando la primera. La reunión con el médico y el abogado la hacemos siempre acá mismo. Nuestros horarios son de 9 a 5. Pero si gusta vamos a su casa, todo el equipo, sumercé tranquila.


Francisca Munay, Pacha, no estaba interesada en ser madre, solamente quiso conocer una verdad.


Pacha enfrentó la incertidumbre hasta el último día
Pacha enfrentó la incertidumbre hasta el último día

Cuento corto imaginado y escrito por Luis Felipe Jiménez en Bogotá, Colombia, sin la asistencia de alguna inteligencia artificial. Septiembre de 2026. Todos los derechos reservados y protegidos.

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