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Capítulo II


-¿El señor es familiar del paciente?

-Buenos días

-Buenos días ¿el señor es familiar del paciente?

-Sí, soy el primo

-Documento por favor

-No lo tengo, mi nombre es Guillermo Gutiérrez Salmé, cédula de ciudadanía…

-Don Guillermo, no lo podemos dejar ingresar porque le van a hacer un examen y hay que trasladarlo ¿sumercé puede venir más tarde?

-Sí, señorita, yo vengo más tarde. ¿A qué hora puedo visitarlo?

-Venga en dos horas, el horario de visita es hasta las 8. 

-¿Puedo quedarme esta noche con él?

-Sí, señor, ya le traigo el formato para que me lo llene, por favor déjelo con la jefe Marcela.

-Gracias señorita. 


Mauricio se la jugó, no tenía la intencIón de dormir en el hospital, pero esto le daba más tiempo. Su investigación no iba a perderse por la inoportuna necedad de un trámite. Llamó a la mamá de su hija y, con una promesa, acordaron que al otro día irían los tres al parque preferido de la niña.


En una camilla incómoda, el cuerpo caliente de Clemente llegó hasta una sala de espera. Sin prioridad, el examen especializado requería de la última máquina importada gracias a un donador millonario. 


Dos personas conscientes llegaron antes y siguen esperando cada una su turno: un motociclista imprudente y una abuelita con una severa deficiencia en los huesos. 


No hay cama pa tanta gente, se dijo el enfermero que trasladó el cuerpo dormido de Clemente. 


En la cafetería contigua a la clínica, Mauricio escribió las preguntas que planeaba hacerle a Clemente. La primera en su imaginario diálogo fue:


-¿Usted realmente quería salvarle la vida a ese tipo?


Esta historia continuará el próximo domingo 27 de septiembre...


No hay cama pa tanta gente es el capítulo 2 de La visita oportuna.
No hay cama pa tanta gente es el segundo capítulo de "La visita oportuna". Imagen hecha con la asistencia de Gemini AI

Autor: Luis Felipe Jiménez. Este texto fue imaginado, creado, escrito, corregido y editado sin la asistencia de alguna inteligencia artificial. Todos los derechos reservados, Bogotá, Colombia, septiembre de 2026 © Safecreative.

Capítulo III de La visita oportuna


La bala se movió desde el cañón de una sig sauer hasta el cuerpo del hombre a la velocidad prevista, el que iba a morir no se enteró, ni se lo imaginó. Le habían advertido que en cualquier lugar se podría ubicar el francotirador.


La advertencia: “las personas que leen a cada uno de los que se acercan, hacen parte de un esquema de seguridad invulnerable". Tres civiles disfrazados de parroquianos, dos mujeres disfrazadas de meseras, un excombatiente de un grupo armado, dos oficiales y tres suboficiales hacían parte del primer círculo, el más cercano. Entre estas personas estaba Clemente, un soldado de la patria que dio todo por ella y que, si pudiera hablar, tal vez habría dicho: 


“Desconéctenme ya, quítenme ese medicamento que mantiene vivo mi corazón. No quiero contar nada, ni vivir más. No me jodan la puta vida. Ya no sé si vuelva a caminar y yo sin mis piernas para dónde agarro…”


Clemente, sin embargo, no pudo contestar ninguna pregunta y nuestro investigador no sabía que el enfermo cuidado en ese gran hospital era un tesoro de la verdad. La única.


Los hechos ocurrieron así:


Adoctrinado por un grupillo de rebeldes de camiseta roja, para afianzar su compromiso con el grupo, un joven se llenó de odio y creyó que ahí radicaba su valor. Recibió varios millones de pesos, una moto y un arma. Pensaba darle del cochino premio a su madre, para que saliera de la temible deuda del gota a gota. Ella, por supuesto, ignoró siempre que el angelito, estudiante de derecho en un prestigiosa universidad, se había considerado a sí mismo un revolucionario dispuesto a cambiar al mundo. 


La organización juvenil comunista los citó el martes 19 de abril en un salón comunal de un barrio en un municipio cercano a la ciudad más poblada. Llegaron seis jóvenes y dos adultos mayores. Allí, gracias a la donación anónima de un líder que se esconde en el bosque, compartieron tamales y bebieron un licor fermentado por ellos mismos. 


-La rumba, señores, es lo que más les permitirá acceder a las conciencias de la clase burguesa; lléguenle ahí a las chicas y pídanle sus redes sociales. Toda información pásenla al Koman y la organización se encarga de hacer el seguimiento. Recuerden: el primer objetivo es que reconozcan su conciencia de clase. Somos pueblo ¡fuerza!  ¡victoria!


Una foto del tal Koman, un alias, claro, fue desprendida del muro al acabarse la reunión. El objetivo era que no se olvidaran de la cara del comandante de esta precisa operación porque, a cada uno de los participantes les llegó también, consumado el atentado y de propia boca de Koman, una amenaza de muerte si alguno de los cómplices delataba al grupo. 


Clemente se separó de su escudo definitivamente
Clemente se separó de su escudo definitivamente

-Señorita, buenas tardes

-Tiempos ¿cómo le fue?

Bien y mal ¿ya supo?

-¿Se murió? Sí, se murió cierto?

-A ver Sara…

-¿Se murió? Antes duró mucho ahí, vida puerca.

-¿Usted por qué no quiso visitarlo más, no le duele?

-No, no venga con sus cuentos. Yo sí lo visitaba, yo quise hablar con él, se llevó muchos secretos de la familia. Ese man no era mi papá, yo sé que no.

-Ayer me llamaron para ver si firmaba no sé qué cosa, como dije que era el primo…

-Dígales que usted lo quería entrevistar y ya, eso no le coma, dígales que la única familiar viva soy yo y que no pienso hacerme cargo. Que no tengo cómo.

-¿Qué le hizo, cuénteme?

-Nahh, me tengo que ir, ya no quiero hablar más. Mauricio, déjeme en paz 

-Espere…


Si el frío y pesado escudo de metal pudiera contar esta historia, diría, más o menos, esto:


La tarde del viernes 18 de agosto, todos los presentes dejaron de sentir frío cuando sonó el primer fogonazo. No me cayó a mí, a penas me rosó esa puta bala. Tampoco impactó al humano. El segundo, tercero y cuarto balazo lograron impactarme y don Clemente resistió con fuerza. Fue tal su heroísmo, que el quinto impacto cruzó su omóplato y ahí me soltó. Nadie optó por tomarme de nuevo para salvar su vida,. De ahí en adelante miré al cielo mientras sonaban los gritos, el dolor y la incertidumbre humana. Fueron yayos de luces y angustias las que pude ver desde el suelo. Hice lo que pude. 


El candidato está vivo y Clemente duerme. Si despierta podrá responder la única pregunta que los apasionados periodistas no harán, porque no les interesa o porque eso no vende:


¿Qué hizo que usted prefiriera cuidar la vida de su protegido sobre su vida misma?

FIN


Autor: Luis Felipe Jiménez @. Este cuento fue imaginado, escrito, redactado, corregido y editado sin la asistencia de inteligencias artificiales. Todos los derechos reservados. Bogotá, Colombia, 2026.

La imagen ha sido co-creada con GrokAI y en nuestra cuenta en instagram @elrelatodeldomingo con GeminiAI

¿Quién te dijo que el pasado que viviste es más honroso que este, mi presente, para que vengas con tu soberbia a imponer tu manera de pensar?


Con este pregunta - respuesta, quiso Sara que el diálogo terminara. Vemos en sus palabras su determinación y su crudeza. Impetuosa enfrentó el argumento de Mauricio y lo dejó con pocas ganas de debatir. Sin embargo, de la discusión pasaron al diálogo porque ella tenía la información que él buscaba.


El azar quiso que cambiaran de tema en ese pasillo de biblioteca donde hablarse no es rutina, sino necesidad y cada diálogo, generalmente, se supedita a lo elemental: en el pasillo de atrás están los libros de ciencias o el baño para damas queda en la otra sala. 


Una pantalla que promocionaba las actividades culturales convocó a más personas para las manualidades con plastilina que a los encuentros semanales propuesto por una promotora de lectura cuyo objetivo esencial era reivindicar la importancia histórica de la obra de Simone de Beauvoir.  


Sara, cansada del tedio por las mismas inquietudes, prefería ser corta en cada solución, prefería resolver rápido las urgencias, pero la discusión con el visitante anónimo le despertó una rivalidad inconsciente. 


Fue la tercera vez que se vieron cuando supo su nombre. Señor Mauricio, le pareció a él demasiado formal y le propuso Mauricio o Mauro, a secas. Por supuesto, Sara no aceptó el Mauro porque no sentía que la confianza pudiera establecerse tan rápido. 


Los libros sobre medicina abrieron la puerta a la reflexión entre ambos sobre el sentido de la vida y sobre por qué cuidarse con la alimentación resultaba ser, para ambos, una más de las obsesiones de algunas personas. Ella insistió que el azúcar no era tan mala como se la estaban vendiendo al mundo y él defendió los carbohidratos. 


Fue justo el tema de las dietas lo que hizo que ambos recordaron a un familiar en cama. Se dijeron mentalmente, sin confesarlo verbalmente, que el miedo a enfermar hacía parte de las listas de sus preocupaciones. Mauricio, con 20 años más de experiencia, no supo cómo esconder su fascinación por ese pan redondo relleno de dulce de guayaba que Sara nunca probó y que le parecía un engaño por su forma, por el círculo sin nada. 

Ambos rieron cuando Mauricio explicó que el vacío servía para que la botella de gaseosa sostuviera el manjar y el pan dulce no fuera devorado por las hormigas. 


Ese man está vivo, le dijo ella. Vaya a la habitación 204 y diga en la entrada que usted es un familiar. Si le piden la cédula diga que no la tiene ahí, pero que anoten… cuarenta y nueve millones trescientos veinti cinco…


Voy a visitarlo y que me cuente él si fue verdad o no lo que se dice, realmente es la única persona viva que podría confirmar o desmentir el rumor, gracias, señorita Sara. 


Mauricio no prometió volver para contarle, pero el gesto entre sus ojos dijo lo que sus bocas no pudo: esta historia la construimos entre los dos. 


Sara dejó de visitar al enfermo y las legítimas razones de esa decisión las podrás conocer el próximo domingo con la segunda parte de la visita oportuna. Por ahora, lo que debes saber es que Mauricio llegó hasta la puerta de la habitación del moribundo, a tiempo, pero una persona no quiso que él entrara…

La visita oportuna puedes no esperarla, pero llega.
La visita oportuna es un relato de ficción inspirado en la salud humana.

Autor: Luis Felipe Jiménez. Este texto fue imaginado, escrito, redactado y corregido sin la asistencia de alguna inteligencia artificial en Bogotá, Colombia, 2026. Está registrado en una plataforma que protege los derechos de autor. Si te gusta, compártelo. La imagen fue creada con Grok AI, la IA de X.


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