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Por: Simpática Redondo*

„Quam non habet ipsa salutem mittit“

“La salud (o salvación) que ella misma no tiene, te la envía”

Fedra, de Ovidio

“Over thinking, over analyzing

separate the body from the mind…”

Tool***


Resumen de los dos primeros capítulos


En FAUSTA LLEGÓ, una mujer se sube a una camioneta blindada para darle un servicio privado a un cliente que la abordó en un parque lleno de turistas. En el parque circula mucho dinero de diversas monedas y su economía gira en torno al consumo de alcohol y otras drogas. En esa tribuna del consumo, se encuentran todo tipo de alimentos, música, baile y fiesta. Se trata de un carnaval vigilado, autocensurado y aparentemente autosuficiente, donde se han filtrado diversos intereses transnacionales que regulan el espacio público con la mirada casi impotente de la ley y el orden.


La mujer, llamada Fausta, todavía no se ha dado cuenta que su cliente no es el hombre que la abordó y se comunica con él a través de un falso cariño. Ella es cuidadosamente llevada a un vehículo blindado, donde  rápidamente se entera que la conducen a otro lugar: un gigante apartamento privado, ubicado en una exclusiva zona residencial.


Fausta llega a ese lugar que, en el segundo capítulo, denominamos EL MÓDULO de perversión de un hombre. Este sujeto busca la compañía de ella. Se trata de un político de apellido Vilboletti que luce un reloj finísimo y goza de una extravagancia pusilánime y fantoche. La actitud de él, poco seduce a Fausta. Ella, conoce muy bien a los hombres y sabe qué es lo que Vilboletti quiere, así, al menos por ahora, ni siquiera conozca su nombre. No la dislumbra el lujo, ni el poder del político; solamente necesita el dinero que él le puede proporcionar. En el final del capítulo, Vilboletti consume una droga por la nariz y nos enteramos que está mal por dentro. Sabemos que el político es infeliz y que está roto, muerto en vida.


El tercer capítulo comienza con un mensaje de una amiga de Fausta a su pareja: un militar de otro país que está ansioso por verla de nuevo. La amiga de Fausta dice llamarse Lucre y, aunque está preocupada por Fausta, confía que su amiga estará bien, mientras ella va y vuelve a Lima, donde se quedará dos semanas. La continuación del tercer capítulo de esta historia es un relato erótico que sólo está disponible para mayores de edad, porque contiene escenas fuertes de intercambio de fluidos. Tiene tensiones sexuales consentidas entre dos personas adultas. Por eso, si quieres leerlo, debes suscribirte al contenido Prime de El RELATO del DOMINGO. Escribe un mail a Pipe@felipepoet.com y te indicaremos cómo acceder al contenido Prime y las ventajas de ser un miembro activo.


La consciencia de Fausta
La consciencia de Fausta está en juego. Imagen en colaboración con la IA de Meta.

Autora: Simpática Redondo* (Seudónimo)**

Cambiamos el nombre de la persona autora de este relato, por pedido expreso de ella. Es prudente proteger su identidad porque lo que viene se pone color de hormiga.

**Este texto fue imaginado, escrito, redactado, corregido y publicado por un ser humano (Luis Felipe Jiménez Jiménez). Para su arquitectura no se utilizó ninguna inteligencia artificial. El único uso de una IA fue el de la imágenes que aparece en la página web en colaboración humano-IA con Meta AI.

***La canción “Lateralus” hace parte del álbum Lateralus, de la banda estadounidense Tool. Los autores de la canción son: Danny Carey, Maynard James Keenan, Adam Jones y Justin Chancellor.

Si quieres conocer una versión instrumental, interpretada por unos excelente músicos, te recomiendo este video

“… era de los que pisaban más fuerte por Villa Santa Rita…”

Jorge Luis Borges en Hombre de la Esquina Rosada


"Es sólo una canción, es solo una canción, eso es todo.

Actuarás una hor y luego te irás

Déjalo ir, déjalo ir, déjalo ir y sólo déjalo ir"

Canción Medellín, de Lucrecia Dalt


La temperatura irradia la piel de ambas manos y le confiesa a Fausta que el hombre lleva oculto toda la tarde. No hay sombra de sol en el cuerpo de este tipo. Para Fausta, él tiene unos sesenta y tres años. No hace falta el dato objetivo. Esta particular circunstancia sólo le importa a él y a la mujer con la que se casó, hace seis, sin amor, tras una fortuna que ha ido dilapidándose en excesos.

 

Ya está claro que quien la abordó en el parque es un asalariado, no un millonario.

 

Dos pantallas obedecen un comando de voz y, a través de una rendija ubicada a la izquierda del hombre, comienza a filtrarse una luz artificial que les hace creer, a ambos, la fina tersura de un día eterno. Simular al sol fue una de las promesas más elocuentes de la diseñadora industrial que confabuló con el arquitecto para conseguir el contrato de esta inimitable mansión.

 

El sigilo de un río prefabricado oculta las voces de ambos. Un grupo de escoltas vigila la gran puerta de cedro que cela la intimidad. Los hombres armados se dejan llevar por el agua. Cada uno piensa en un momento placentero distinto. Están ahí y no están. La furia de sus armas sigue contenida, fría e inmóvil. Es innecesaria, como todas las armas del mundo.

 

No hay peces, hay pequeños invertebrados en una única pecera adornada con rocas de verdad y con rocas plásticas, casi perfectas. El jefe de escoltas se cuestiona sobre la naturaleza de los pesebres y se pregunta si el agua, fluida dentro del cristal, suena o no, como suenan sus sueños. O como suena el río artificial que atraviesa el módulo, el escondite, incluso cuando nadie está.

 

-¿Tienes frío?

 

-No señor ¿comenzamos?

 

Una uña raspa sin ruido la tela que cubre el hombro izquierdo de Fausta. Brilla el esmalte de corta duración que la abarcó esta mañana, radiante, aunque sin esperanza. Todo está en su sitio, se cumple el protocolo. La piel de la mujer comienza a descubrirse…

 

El hombre desabrocha su reloj y comienza a hablar…

 

Tres toneladas de ego comienzan a vestirlo mientras se quita la ropa. Es cada vez más vulnerable. Y ella lo sabe.

 

Los doscientos ya son suyos, cumpla o no con la misión.

 

Del vaso se desprende esa misma gota de sudor entreambos que un extractor eléctrico se encargará de secar cuando ninguno de los dos respire más dentro del recinto.

 

Una pantalla anuncia:

 

Cincuenta y cinco por ciento de probabilidad de lluvia, veintitrés grados de temperatura, sensación térmica: veinticuatro.

 

El jefe de escoltas ya tiene hambre. Es obediente, calla su estómago con un chicle.

 

El senador Vilboletti busca la bolsita y con una pala de oro ubica al veneno. Ahora, al menos, hay menos gasolina en sus fosas que en las camionetas que lo trasladan del ejercicio público a su módulo privado de perversión.


Sobre-dosificado, vulnerable, roto...


La carga de adrenalina falsa ya no lo satisface. Ya el aplauso del público lo tiene agotado. Está muerto en vida.

 

Todo el resto queda a tu imaginación, apreciada persona lectora. Te espero el próximo domingo 28 de febrero con el capítulo final de esta temporada...

Fausta llega. El módulo privado de perversión es un escondite de un político
Fausta llega. El módulo privado de perversión del político la reta


Autora: Simpática Redondo*

Por pedido expreso de la persona que escribió esta historia, hemos cambiado el nombre.

Si quieres conocer el primer capítulo de Escapada entra a: Llegó Fausta


Este texto fue imaginado, escrito, redactado y corregido por un ser humano y sin la asistencia de alguna inteligencia artificial. El único uso de una inteligencia artificial fue el de la elaboración de la imagen, para la cual se utilizó la AI Gemini de GL.

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