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Biorelato

Una llamada que llevaba la urgencia de contactar a uno de los hermanos Schmid, me trajo la voz de Max con su acento inconfundiblemente bogotano. Recordaba esa voz pronunciando frases en alemán que unas veces entendía y otras no. Max fue mi profesor de una asignatura para la que nunca demostré destreza: trabajo manual. De él sabía que era medio hermano de un compañero llamado Balz, con quien aprendí a jugar fútbol. Balz no sólo era mejor jugador que yo, sino que, como Max, había heredado los genes artísticos de su padre, el arquitecto suizo Víctor Schmid. Balz me colaboró para completar los trabajos manuales que mi destreza era incapaz de cumplir a tiempo ante el evaluador, nuestro profe Max que, como he dicho, además era su hermano, aunque ese vínculo nunca le dio a mi amigo Balz alguna ventaja porque entre otras cosas, nunca la necesitó. Así que de alguna forma, mis trabajos eran una co-creación del hermano del profesor. No había riesgo de perder o repetir esa asignatura porque además se computaba con la de música, en cuyos ámbitos me sentía mucho más seguro y mi ser fluía con mayor tranquilidad. Desde cuarto de primaria comencé a explorar la percusión, primero con las marimbas y luego más disciplinadamente con la batería. Así mismo con algunos tambores típicos del caribe colombiano.



Durante uno de los cortos descansos o recreos entre clases, me acerqué a Max para preguntarle alguna cosa sobre su enigmático taller, donde además, comencé a elaborar con mi amigo Álvaro las baquetas con las que golpeábamos el aire, los cojines y posteriormente la batería. El colegio invirtió en una batería acústica decente y de combate al mismo tiempo, para completar la orquesta que haría presentaciones en eventos especiales. Hice parte de un selecto grupo de aspirantes a baterista que rigurosamente asistió todos los sábados a unas clases extracurriculares para que comenzáramos nuestro camino al estrellato musical escolar. Cuando abordé a Max, la sorpresa fue que no era él quien respondió con franqueza mi inquietud. “Max no, soy Urs”. Al comienzo no entendí en qué momento Max se había cambiado de nombre o, si en medio de mi despiste, siempre había ignorado que mi profesor tenía un nombre compuesto y, al parecer, prefería que lo llamaran con el segundo: Urs. Estaba equivocado y con quien hablaba era, en efecto, Urs, el hermano gemelo de Max. Dicho evento me aterrizó sobre la presencia de dos profesores idénticos, así que en adelante jugué a adivinar cuando vía a uno o a otro, en algún pasillo o en el salón de profesores. Buscaba adivinar a partir de su comportamiento, de su forma de vestir, de su locomoción, de sus gestos si este era o no, el que me dictaba clases a mí. En efecto, Urs no era profesor titular en primaria, pero por ser hijo de Víctor Schmid, el arquitecto mencionado anteriormente, cuyo honor reconoce la historia de la arquitectura en Colombia, el gemelo de Max tenía entrada libre a las instalaciones y eventualmente, hacía reemplazos de profesores ausentes.

Max y Urs Schmid

Urs era profesor del colegio alemán, ubicado bastante lejos del nuestro. A mi juicio y desde mi precaria perspectiva, un gemelo era más dulce, más amigable que el otro. Tal vez porque el vínculo con cada uno obedecía a distintas características de la autoridad entre profesor y estudiante. El tiempo se encargó de aclararme que dicha apreciación no sólo era injusta, sino que desconocía por completo el caracter amigable, generoso y bondadoso de ambos. Intuyo que no todos los estudiantes compartan mi impresión sobre los gemelos o sobre alguno de ellos, porque cada uno de los niños, niñas y jóvenes que interactuaron con ellos lo hacían desde sus propios mundos y desafíos tanto emocionaloes como intelectuales.


La llamada, entonces, me conectó al otro lado del teléfono, con ese Max que recordaba de la infancia y con quien no había hablado hace más de 20 años, pero su voz era exactamente la misma.


"Querido Max, te contacto porque estoy escribiendo un libro y tanto tú como tu hermano tienen información muy valiosa para contribuir con la investigación…"


Nos reunimos varias veces. Largas conversaciones me llenaron de datos para construir la historia. En una de esas reuniones se unió el documentalista Gerrit Stollbrock que realizaba un corto documental sobre la historia del Colegio Suizo de Bogotá. Cuando las cámaras estaban grabando, surgieron un par de preguntas sobre su condición de gemelos.




“¿A ustedes les ha pasado que cuando se enferma uno, el otro siente algún tipo de dolencia?"


"¿Es cierto, como cuentan en algunas películas, que entre gemelos suceden extraños eventos de simultaneidad?"


En ese preciso instante, como si Dios nos escuchara, una epifanía puso frente a nostros la respuesta inequívoca que confirmaba nuestras sospechas. A los dos gemelos Schmid les sonó simultáneamente el celular. A cada uno lo llamó una persona distinta, justo en el mismo momento y ante la genuina inquietud de los presentes. Todos reímos sobre el suceso y el evento quedó registrado tanto en el video, como en la grabación de audio con la que documentamos la entrevista.


Los gemelos Urs y Max Schmid escribieron este bonito relato que nos ofrecen como anexo al video de la historia que narran a través de un cariño enternecedor.


Por: Urs y Max Schmid*

Esta es la historia de un par de viejos gemelos que durante toda su vida han sido muy amigos. Han vivido juntos muchas experiencias y aventuras. Cada uno enfocado en sus labores, aquel día recibieron un mensaje por correo. Se trataba nada más ni nada menos que de la encargada de la representación de un Gobierno cuya bandera incluye una cruz blanca. La misiva era para invitar a los ciudadanos de este pequeño lugar ubicado al otro lado del mundo, a idearse como hacerle honra a aquel país. Obviamente la pregunta básica giraba entorno a en qué momento los gemelos se acordaban más de su país de origen, cuyos paisajes son reconocidos mundialmente por su belleza y autenticidad. Estos dos “catanos” se sientan juntos a echar cabeza sobre qué es lo que a ellos más les recuerda ese pedazo de tierra natal, con la linda visita de la nostalgia que trae consigo, no sólo suspiros sino también risas y alegrías. Sobre aquello que representa en la memoria a lo más simbólico de dicho país, sobresaltan no solo los paisajes, los nombres de bancos y las aseguradoras; también las bellas montañas con nieve y pistas para esquiar junto con tantas otras cosas. Pero….no…..no es eso lo que ellos buscan, buscan algo más especial, algo que esté vinculado mejor con el placer, el gozo, el …..babeo, de sentir en la lengua, algo que de sólo rememorarlo les haga agua la boca.


-"¿Una torta?" pregunta uno, “noooo”, contesta el otro, “¡chocolate!” propone. “Noooo” contesta enfático el primero y así se la pasan un buen rato.

Que tal cosa... "¡Que no!" "¿Y esto?" Tampoco….


A punto de tirar la toalla y no hacer nada, desilusionados y aburridos, cuando uno de los dos, apegado a la esperanza de resolver el desafío, al buscar en su cajita de los recuerdos encuentra un sabor especial, que está por allá enmarañado y que de inmediato lo lleva al pequeño país, a la ciudad donde vivieron, a la impertérrita mesa del comedor de su hogar. Con este sabor llegan muchísimos recuerdos de tertulias, reuniones, visitas y fiestas inolvidables. A través del poder evocador de ese inolvidable sabor este par de gemelos recuerdan los tremendos picnics en el bosque, no el bosque de Caperucita sino el de su pueblito natal allá en la montaña de aquel pequeño y bello país. Después de que uno de los gemelos descubriera ese sabor en el disco duro de su nostalgia y cuyo poder es hacerlos babear a ambos como si recorrieran de nuevo esos momentos, entre los dos deciden hacer un video para esa representación solicitada por la funcionaria de la Embajada sobre cómo se hace un “Cervelatsalat”, es decir, en nuestro idioma, una ensalada de salchicha suiza con queso suizo. La preparación quedó deliciosa y este par gemelos tuvieron un festín inspirado en el poderoso alcance de la memoria de los sabores.


Y su video fue muy felicitado


En Los Schmid narramos un relato sobre una chistosa anécdota con este par de carismáticos gemelos.


*Bio Urs y Max Schmid (Bogotá,1949)

Ambos son artistas y pedagogos. Han ejercido la docencia por más de 40 años. Urs preside la Fundación Víctor Schmid que se encarga de mantener el legado de su padre, el conocido arquitecto Víctor Schmid. Son aficionados a la música clásica y a la lectura. Les gusta la comida de cualquier cocina. Actualmente uno vive en Bogotá y el otro en el campo.



"Me estás enseñando a amar, yo no sabía. Amar es no pedir, es dar" Gerardo Diego


CONVOCATORIA SEPTIEMBRE #JuntosContamos


El amor es un medio que fomenta la creatividad literaria. El amor es un camino de entendimiento humano. El amor es la mejor cura.

Escribe una frase, un relato corto, un poema, un aforismo o un tuit sobre el amor que contenga estas dos palabras: #JuntosContamos (Usa el numeral o hashtag).


Envíalo a través de este: FORMULARIO o a través del e-mail que aparece al final del mismo.


Extensión: máximo 111 palabras.


Plazo: todo el mes hasta el 30 de septiembre.

Condiciones de participación: Textos originales e inéditos, respeto en general y por minorías. No aceptamos textos de propaganda política.


Incentivos:

1. En nuestra página y en nuestras redes sociales publicaremos todos los textos originales (haremos revisión de autoría con un software que detecta plagios) que cumplan con las condiciones y guarden el estilo editorial de El Relato del Domingo. Mira más abajo 2 ejemplos de textos.


2. Los autores de los 3 textos finalistas tendrán acceso a un descuento especial en un Taller de Creación Literaria y Crónica que anunciaremos el 30 de septiembre.


3. Se escogerá uno (o máximo tres) de los textos participantes para la pre-selección de los relatos que irán en el Libro de El Relato del Domingo.


4. Tres (tres) parejas participantes tendrán una asesoría GRATIS con Adriana Cristancho Wedding Planner




Ejemplos de texto:

  • "No te dije que te iba a amar toda la vida porque tu pregunta cuando nos conocimos era sobre las yucas, pero algo me hizo creer que esa pregunta sobre si esta o aquella eran mejores para un sancocho podría servirte de alguna manera para romper el hielo. Tu abordaje fue patético y pensé que se trataba de uno más de los hombres coquetos que se acercan con otras intenciones, pero mirá tú, esa excusa del tubérculo nos tiene hoy en día a punto de casarnos y compartir juntos el resto del futuro que nos queda. A partir de ahora, #JuntosContamos una historia de amor".

105 PALABRAS

  • ¿Quién iba a pensar que ese joven que me entregó el cargo en el Departamento de Impuestos, se convertiría en mi esposo? Aquel joven con sus explicaciones en medio de miradas pícaras y comentarios burlones por mi aspecto de niña. Esa hermosa intención de hacerme sonreír fue llenando mis días de alegría, fue así que a los 6 meses de novios ya vivíamos juntos y a los 9 meses ya habíamos dado el paso de bendecir nuestra unión ante Dios. Hoy, 25 años después #JuntosContamos una historia de amor en la que hacen parte nuestros dos hijos. Hoy seguimos caminando juntos con el anhelo de envejecer amándonos.

Autora: Érika Martínez

107 PALABRAS

Unimos entusiasmos con Adriana Cristancho Wedding PL (instagram) para que #JuntosContmemos historias de amor durante todo el mes de septiembre. Síguela en facebook como Adriana Cristancho Wedding Planner


Fuente imágenes: CottonBro

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