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Rompen las olas un pasado glorioso de Surf y amistad. Esa tarde, una visita. Varios amigos; diversos caminos. Uno de ellos, celebra su cumpleaños. Me enseña que al atardecer el sol se acuesta en el mar


en muy poco tiempo. Veinte minutos por cada dedo, sólo da tiempo para dos piscos. Llega la noche. El vuelve a su celda.

FIN


Por: Santiago León Gómez (texto e ilustración)

Abogado, aficionado al blues. Vive en Bogotá. Síguelo en twitter como @sleongomez

*La Herradura es un point break de izquierdas, una ola clásica del barrio Chorillos en Lima (Perú). Es un lugar privilegiado para surfistas experimentados.




Pudo nacer en 1949, gracias a una partera medio bruja que cinco años antes había anticipado la muerte de Jorge Eliécer Gaitán. Su padre, ferretero y comerciante, se casó con su madre por obligación del suegro, machete en mano -¡por la criatura nos responde!-.


Ella, vendedora de específicos y lavandera por encargo, sufrió el parto de Augusto como si llegaran dos niños al mismo tiempo. Augusto fue el fruto del desenfreno alicorado una noche en la que la luna lloró sangre.


Creció en un ambiente hostil, pero amoroso. Las tías y la abuela matizaron su crianza. En la escuela, Augusto se destacaba como el niño audaz, pero con poca iniciativa en los deberes escolares. Hábil para la trampa y riguroso en los métodos para que sus compañeros hicieran lo que a él le diera la gana. En el bachillerato fue el editor, periodista y diagramador de "Refugio" el diario estudiantil, una publicación de entregas mensuales que era revisada clandestinamente por un tío del Augusto de quien se dejó de saber cuando ingresó definitivamente en el frente urbano de un grupo guerrillero.


Augusto consiguió que el Consejo Escolar "renunciara" al Perfecto de Disciplina por comportamientos anti-éticos. Hasta el profesor de matemáticas reconocía su liderazgo:

-A este muchacho no le sale una ecuación, pero todos le copian.


Hizo levantar tres investigaciones contra profesores por acoso escolar contra alumnos, dos compañeras suyas y uno de grado menor a quien además lo abusaban en casa.


Augusto ingresó a estudiar Derecho en la Universidad Nacional y el mundo estudiantil se le presentó fascinante…


Conoció en las aulas y en un grupo de activistas tremendamente ideologizado y entre ellos conoció a Amarilla, el sobrenombre de Amalia Rengifo, una bella revoltosa y con amplias pretensiones revolucionarias.



Amarilla leyó al deseo en Augusto desde el primer día. Y lo confrontó...

Decidió ponerle una trampa: -¡vamos a estudiar juntos, Augusto ¡en mi apartamento! ¿Miedo?


“A este arrechín lo freno es de una", pensó Amarilla...

Se arregló con más esmero que nunca. Sin mucho maquillaje, obvio. Lo suyo no eran los químicos sobre la piel, pero se alineó las cejas y con un rubor casi imperceptible, se ocultó un par de cicatrices que le dejó el acné en la pre-adolescencia.


Alistó a Serrat, a Milanés, sacó su libro de Neruda y fijó bien el afiche del Ché...


La cita para el grupo estudio era el viernes, con vela en los planes y un vino dulce de esos con los que se embriagan tortas...


Augusto fue llamado el jueves a un mitin con un líder estudiantil que tría una invitación y una propuesta laboral…


-Es una tertulia con Diógenes, él busca ayudar a la causa con empleo para estudiantes en nuestra área- dijo el líder.


-¿Usted va a ir Amarilla?, camine- le propuso Augusto.


-Sí, pero no se me vaya a hacer el pendejo el viernes que ya compré las velas-, le respondió Amarilla…


Augusto se vinculó rápidamente con la empresa en la que Diógenes trabajaba. En la empresa, Augusto ingresó inmediatamente en el Sindicato. El jefe sindical notó en Augusto su talento para mover masas...


Sintravenosa le consiguió rápido un fuero para que no lo despidieran y continuara en la lucha…


Lo que pasó el viernes en el apartamento estudiantil de Amarilla jamás pudo borrarse de la memoria de Augusto…


El recuerdo de lo que pasó esa noche de viernes con Amarilla lo motivó más a no dejar las luchas... Ninguna mujer hasta ahora había logrado descifrarlo de una amera tan brillante. Augusto comenzó a creer que Amarilla era una especia de adivina, de mentalista. Creyó que durante su encuentro fue víctima de un rapto de voluntad o que ella hizo algo relacionado con algún tipo de sustancia mágica porque no era fácilmente rastreable, ni racionalmente explicable que esta mujer, sin conocerlo, alcanzara a saber tanto sobre sus rasgos, sus miedos e intimidades.


Sobre lo que aconteció en esa reunión a duermevela nos ocuparemos en otro relato…


En cuanto a la labor sindical de Augusto, a nivel nacional fue creciendo su índole de líder, de aglutinador de masas y pronto se percibió en ámbitos públicos como uno de esos futuros candidatos a algún cargo público. El setenta y cinco porciento de la frases que promulgaba Augusto en los mítines comenzaba con arrojo "¡compañeros...!". Sus discursos, siempre en crescendo, lograban siempre el aplauso sostenido de los convocados. Durante el final de su carrera profesional, recibió llamados de atención por su ausencia a clases. El activismo lo ocupaba muchas horas al día. Se graduó con un promedio mediocre gracias a que una de sus profesoras cedió ante el chantaje. La tenía tan investigada que registró una charla erótica suya con el vicerrector. El escándalo habría sido tan grave para la tranquilidad institucional que la profesora optó por sustituir por un 4.0 aquel merecido 2.3 que Augusto había conseguido en su asignatura.


-Yo me queo en esta materia y a ustedes dos los despiden, piénselo profe.


Cada una de las trampas que Augusto le ofreció a la vida, lo motivaron más en su carrera política.


"Voy a demostrarle a Amarilla que puedo cambiar al mundo, así tenga que hacer lo que tenga que hacer", se prometió Augusto.


Escaló en el Sindicato hasta hacer parte de la Junta Directiva de AsoColProtesto, la agremiación que reúne los sindicatos a nivel nacional.


Las prebendas y los beneficios no demoraron en llegar. Con whisky se celebraba "la lucha del pueblo".


Augusto comenzó a recibir amenazas de la extrema derecha que lo consideraba un peligro para la democracia laboral.


Sí, leíste bien, democracia laboral, no democracia liberal. Ninguno de los serios analistas que llevan estudiando el movimiento sindical colombiano consideró hasta ahora que cualquiera de las gestas de este tipo de nuevos dirigentes sindicales pueda considerarse como un atentado contra el sistema en general. Una empresa multinacional de análisis económicos dijo incluso que la vida de activista de este tipo de líderes sólo tiene un periodo máximo de 15 años, plazo después del cual terminan, sí o sí, inscritos en la maquinaria que aceita día a día el status quo.


Luego de un estudio de riesgo motivado por el concurso de unas amenazas de índole sospechosa, Augusto se ganó la protección legal del Estado: un carro, tres escoltas y una asignación generosa para gasolina y gastos.


"La lucha Sindical tiene sus riesgos", pensaba mientras se acomodaba el escudo anti balas.


Dos vidas comenzó a tener Augusto: la de defensor de los derechos laborales y la del burócrata en BMW. Ambos le lucían a su ego.


Y en sus sueños el recuerdo de la noche de aquel viernes con Amarilla lo re-visitaba.


Esa piel de Amarilla, esos labios, esas rayitas de piel en las caderas...

Esa fuerza y convicción en sus ideas, ese empuje, ese arrojo...


Recordaba a su madre, una trabajadora incansable. Y a su padre, el más audaz ferretero de la época.


A Amarilla, años después, le llegó una carta del Presidente de AsoColProtesto...


"La extraño Amarilla, usted es imposible de olvidar. ¿Cuándo nos vemos?"


"Llevo muy adentro cada gota de mi vida un amor profundo, luminoso, singular", cantaba Amarilla:




Y Augusto, cómodo en su oficina de burócrata, salvando los derechos del proletariado, no dejaba de pensar en Amarilla…


A cada mitin llegaba Augusto y la buscaba. "No debe haber claudicado, ella vendrá por mí", imaginaba


Amarilla decidió confesarle todo al Sr Presidente de AsoColProtesto. Lo invitó de nuevo a su apartamento, sin escoltas.


Con su puño y letra escribió una carta que firmó con la huella de su dedo meñique, como habían jurado escribirse en la juventud “si alguno llegaba a caer preso por el régimen”.


-¿Recuerda usted esa noche de viernes de velas, Neruda, Milanés y vino? ¿Quiere saber cómo pude desnudarle el alma tan fácilmente? Lo espero en mi apartamento el próximo domingo. Confírmeme que irá en el siguiente correo, pero eso sí, si viene venga solo. Si llega hasta acá es porque lo hizo sin compañía.


Al final de la carta le botó las coordenadas exactas y las instrucciones con una clave para inhabilitar el acceso desde el sótano.


Amarilla se enamoró de un Augusto esa noche de viernes y él nunca lo supo...


Amarilla vestía un hermoso traje azul y lucía una gota de pestañina casi imperceptible.


Augusto notó en su mirada un cuestionamiento inmediato por la figura de macho alfa con la que se le estaba presentando. Amarilla supo que este hombre le había mentido y que al otro lado del parque infructuosamente se intentaban ocultar sus escoltas.



Amarilla lo deseaba, pero no estaba dispuesta a entrar en el juego del "conquístame" "tan lindas tus rositas Augusto". Tampoco le pareció sensato hacer algún comentario sobre los zapatos Ferragamo de aquel soñador de izquierdas que p ya comenzaba a desdibujarse ante sus ojos.


Augusto quiso callar la mirada inquisidora de Amarilla con un beso...


Amarilla lo detuvo con fuerza y le dijo…


-Te he estado extrañando, Augusto, pero ahora que te veo, noto que no eres el mismo... deseé que el hombre que llegara a esta puerta no fuera el que estoy viendo- le dijo Amarilla a Augusto…


Hoy me confirmaron que firmaste un acuerdo secreto con el gobierno. ¿Van a dejar de ser incómodos? ¿Cuánto te pagaron por apartarte? Traicionaste a tu clase por dinero.


Cuando el último pétalo se desprendió, ya ninguno de los dos sintió fierza de mirar atrás para buscar al otro. Las rosas tocaron el piso más rápido que las lágrimas.

 FIN

Por: Felipe Jiménez (1976)

Relato publicado inicialmente en Bogotá, el 7 de enero de 2018 con otro título y sin ajustes bajo la dinámica de relato en vivo en twitter.

Segunda edición: en el Lago Calima, Valle del Cauca, Colombia, enero 2022.

Imagen: Angela Roma




Accedí a conocer a Angélica para que mis padres dejaran de insistir. Al principio fue algo incómoda la cita que nos organizaron, pero después de unos minutos ya estábamos hablando con normalidad y así pasaron los meses después de conocer a la que ahora es mi futura esposa. Y sí, puede que sea lo que mi abuela llamaría “una buena moza” ya que es amigable, bonita, trabajadora, fértil, joven y de buena familia. Pero a mí no me llamaba la atención de esa manera, yo sólo la veía como a una amiga cercana. Claro está que sin importar mi opinión al respecto, mis padres nos comprometieron sin preguntar.


Habían pasado más o menos cuatro meses desde que la conocí y lo que toda mi familia llamaba “el día esperado”, muy a mi pesar, se acercaba cada vez más.


Un día, Angélica me dijo que había invitado a Jessica, su mejor amiga y a su futuro esposo, quienes también se casaban pronto. Yo accedí a reunirme con ellos de forma distraída ya que estaba hablando con mis amigos sobre la despedida de soltero que me organizaban para el día anterior a mi matrimonio. El timbre sonó y Angélica me dijo que Jessica y su prometido habían llegado.


Como buen anfitrión, me levanté y abrí la puerta para ellos, Jessica, a quien, como he dicho, había conocido unos meses atrás, me sonrió y dijo:


-¿Hola Nico, cómo has estado?


-¿Bien Jess y tú? -le respondí mientras la abrazaba delicadamente


-Bien también, Nico… ¿y dónde esta Ange?- preguntó mirando a su alrededor


-Creo que en el cuarto…ya viene


Ella asintió y luego miro al chico a su lado


-¡Oh se me olvidó! Nico, te presento a Julián, mi prometido y Juli te presento a Nicolás, el prometido de Angélica


Julián me miró y dijo:


-Un gusto, Nicolás


Extendió su mano hacia mí en forma de saludo


-El placer es mío, Julián- y acepté su mano, pero cuando la sostuve, un corrientazo me recorrió de pies a cabeza. Lo miré a los ojos desconcertado por lo sucedido. Fue una muy mala decisión. Sus ojos eran tan oscuros y profundos como la obsidiana, tan misteriosos como la niebla. No sé por qué, pero me quedé perdido en ellos; eran tan bellos que juro que podría quedarme mirándolo a los ojos durante un día completo.


Él pareció igual de perdido en mí que pensé que nos quedaríamos así unos minutos más, cogidos de la mano y mirándonos sin descanso… si no fuera por Angélica que bajó las escaleras y me sacudió el hombro.


-¡Eh! Nico, pero invítalos a sentarse en la sala.


Me sacó de mi ensoñación al instante y sacudí la cabeza como si me quitara un vicio


-Claro, pasen por favor, iré por unas bebidas. Fui directo a la cocina


¿Que mierda fue lo que pasó? Fue lo único que pude preguntarme mientras servía unas cervezas en vasos con hielo. Después de un rato, no podía parar de pensar en eso, mientras Angélica y Jessica conversaban animadamente sobre los preparativos de ambas bodas y yo fingía prestar atención. Pero con los pensamientos girándome en la mente y la mirada de Julián clavada en mí, no podía concentrarme ni en una pared blanca.


-¡Claro! Sería una excelente idea, nosotras hacemos nuestra despedida de solteras y Nico y Juli la de ellos… ¡juntos!


Me voltee a ver a Jessica quien sonreía con satisfacción ante esa idea


-No se me hace buena idea… comencé a protestar, pero fui interrumpido.


-Me gusta la idea, podemos juntar nuestros amigos en un bar o en un restaurante y hacerla ahí todos juntos. Un gran evento.


Julián me estaba mirando, esperaba una respuesta


Pero antes de que pudiera decir algo, Angélica respondió por mí:


-¡Claro! Nico, sería genial! ¿Cierto?

Yo sólo asentí y acerté a decir:


-Si, sería increíble. Sin embargo no lo pronuncié con un volumen de voz muy alto, pero se alcanzó a escuchar mi resignada respuesta.


Julián sonrió. Una sonrisa que me quitó el aire


La famosa “Eye Smile”, que realmente nunca me había llamado la atención, ahora se había vuelto mi favorita con solo verlo. Sus ojos formaban dos medialunas y su boca se curveaba de una manera adorable.


Julián era realmente guapo, eso era fácil decirlo, pero viéndolo sonreír así podría decir que era totalmente etéreo. Llegué a creer que tal vez hacer la despedida juntos no sería una mala idea, sin realmente saber que todo cambiaría.


Las semanas después de nuestro primer encuentro, Julián y yo estuvimos en contacto para cuadrar los detalloes de la despedida.


Al final acordamos hacerla en el bar “Irregular”, un bar VIP muy conocido en la ciudad e invitaríamos a nuestros amigos más cercanos, por mi parte invitaría a Daniel, Gabriel y Caleb y por su parte irían Marcos, Andrés y Lucas


Nos volvimos amigos cercanos gracias a la planeación de la despedida, me di cuenta que Julián era alguien muy amigable y acogedor, y aunque sus bromas fueran aburridas, siempre me sacaba una sonrisa.


El día de la despedida salimos a comprar algo de ropa con nuestras prometidas, pero al final ellas se fueron a buscar más ropa y nos dejaron tirados, así que decidimos ir a una cafetería para hablar.


Cuando se hizo de noche fuimos a alistarnos. No nos veríamos con nuestras prometidas hasta el momento solemnre del altar, al día siguiente en mi caso y en el de Julián, el día después de mi matrimonio.


Al llegar al bar vi que nos habían apartado una mesa cerca a la zona del barista para pedir lo que se nos antojara. Fui a la mesa para encontrarme con mis amigos y hablar de algunos temas realcionados con la boda.


Después de unos minutos llegó Julián y desde ese momento todo se alocó.


Tomamos y tomamos, demasiado en mi opinión, pero ahí estábamos sentados en nuestra mesa pidiendo una ronda más de aguardiente, mientras nos reíamos porque contábamos bromas sin sentido.


Creo que cuando todos se rieron de una broma mala de Julián fue cuando me di cuenta que todos estaban totalmente borrachos.


Me excusé para ir al baño y refrescarme un poco. Necesitaba recordarme que el día siguiente era un día importante y que no me podría pasar de copas como ellos. Necesitaba volver al orden.


Pero desde hace tiempo que mi cuerpo no reaccionaba como mi mente le decía, por eso fue que me dejé llevar cuando Julián me jaló saliendo del baño y me estrelló contra la pared del corredor.



Solté un gemido para nada digno de mí cuando sentí su mano derecha en mi cadera. Efectivamente me había pasado de copas y no me había dado cuenta. No estaba pensando bien, porque cuando me besó no lo empujé como se supone que debería, sino que me fundí en sus brazos y me dejé llevar por el beso.


Sentí como su lengua pedía entrada en mis labios y no se por qué carajos abrí la boca. Mañana me iba a arrepentir. pero hoy no. Algo así tuvo que dilucidar mi conciencia. No sé como un beso lento se convirtió en una calurosa besuqueada, pero sólo sabía que no quería que parara. No sabía que estaba mal conmigo, pero desde que conocí a Julián había algo que siempre me jalaba hacia él, una atracción insaciable.


Algo que a mí mismo me aterraba. Porque lo deseaba más que a nada en el mundo y los pequeños momentos como ese que tuvimos se me hacían eternos de aquella eternidad que es el paraíso del sueño y del deseo.


Pero al dia siguiente iba a casarme… y no con él.


La realidad me pegó como un tren.


¿Por qué no podía tener un final feliz? ¿Por qué tenía que hacerles caso a mis padres? No era lo que yo quisiera porque yo solamente quería estar con Julián y punto


Sollocé entre el beso haciendo que Julián parara.


-¿Estás bien? Yo… Yo no debí… lo lamento, Nico


-No- acerté a decir, haciendo que me mirara.


-No hiciste nada malo Juli, yo te seguí el beso…pero no podemos hacer esto.


-Lo sé


Julián juntó nuestras frentes de manera tierna y luego volvió a besarme


-Julián, nooo.


Él sólo sonrió y lo volvió a hacer. Y nuevamante y de nuevo, nos besamos incansablemente. Nos besamos decisiosamente hasta que me volví a perder como si no existiera nada más en el mundo que nuestrso dos cuerpos. Era increíble el poder que él tenía sobre mí.


Cuando por fin nos separamos para tomar aire, me abrazó y fue él, el que esta vez sollozó.


-No quiero casarme con Jessica, Nico no quiero.


Yo suspiré, sabía a donde iba esto, pero ya estábamos a nada de casarnos.


-No creo que sea decente decir que no


Él me miro a los ojos.


-No quiero casarme con ella, precioso, no con ella…


Lo miré.


-…pero contigo… - susurró un poco después, cosa que me hizo sonrojar incluso más que el “precioso”. Contigo sí.


Lo abracé con fuerza y duramos así unos buenos minutos hasta que cogí el valor de responder:


-Yo tampoco Juli, no quiero casarme con Angélica…sino contigo

Él me miró con los ojos aguados y luego me besó. Fue un beso diferente a los anteriores, lleno de felicidad y amor, pero a la vez de alivio y de tristeza. Uno que esperaba no volver a repetir, o al menos no en esas condiciones.

FIN


Por: Alicia García (2004)

Colombiana con alma de escritora, a Alicia le gusta mucho la música que cuenta historias a través de las letras. Dice que las melodías bien construidas también con capaces de contar historias a, igual que se cuentan cuentos a través de paisajes en el arte pictórico. Es estudiante de bachillerato y está próxima a graduarse para estudiar comunicación social.

Imagen: CottonBro



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