top of page
Blog: Blog2
  • Instagram
  • Facebook
  • YouTube
  • Tik Tok

-Hola Angy, estoy vivo. Como te prometí, este mensaje es para que sepas que todo bien. Sigo silbándole al mundo.


Felicitaciones! Dile a tu hermano que los triunfos del equipo son de todas las personas del equipo, hasta de quienes cuidan la alimentación, de los utileros, de personal médico. Amiga, ganaron las familias de los jugadores que también hacen sacrificios en sus vidas para apoyar la vida de ellos. Tu hermano no jugó la final, pero también es campeón. Y la roja se la merecía, así no le haya gustado y me odie toda la vida.


Escuché la noticia en internet, en Radio Latina Deportes. El colega que pitó la final es un buen profesional, nos conocimos hace poco. Acertaron designándolo. A mí no me van a llamar más, renuncié. Nadie sabe dónde estoy, bueno, casi nadie.


¿Cuándo es tu matrimonio? Estoy en otro país y no sé cuándo vuelva a Colombia. Sabes que no puedo ni quiero ir, pero estoy bien, estoy feliz por la felicidad de tu nuevo hogar. Mi vida cambió, Clau vive por acá también, no estamos en la misma ciudad, pero yo creo que vamos a volver a vivir juntos….


Angélica interrumpe la lectura. Una notificación le advierte que un cliente realizó el pago. “Volvió”, piensa. Sobre la farsa del vínculo están conscientes él, ella y el novio de ella, de quien, para este relato no nos interesa si quiera mencionar su nombre.


No hay una promesa de amor sino un compromiso de soledades. La plataforma que media en el intercambio crece gracias al tiempo que invierten clientes como él que, cada tanto, se suscribe al contenido de Angélica. Este en particular, volvió para contarle que su matrimonio no va bien. El exitoso ejecutivo perdió la fe y aunque ha estado tentado a declararse ateo, un miedo se lo impide. Sustituir el confesionario por la interacción “anónima” de minutos con falso placer le curan, a su juicio, una herida que él mismo no sabe cuándo terminará de cicatrizar. Al principio, claro, solamente buscaba ver el cuerpo de ella para satisfacer sus más primarias pulsiones, pero Angélica fue seduciéndolo para que creyera que entre los dos había una amistad sincera.




Y ella, afanada por los rastros implacables que su colección de espejos le recuerda, ahora, semidesnuda le ofrece su voz y su escucha al visitador de turno. No habrá más requisito que el saludo “volviste corazón” para comenzar la charla de nuevo y a medida que pasan los minutos, Angélica, o mejor: Brenda 9x, cubrirá su cuerpo trabajado por un cirujano con las prendas exclusivas que una marca le proporciona, a cambio de un número de publicaciones semanales en otra red social. Y aunque ella quisiera tener la libertad para confesarle alguna de sus melancolías, no lo hará. Tampoco le pedirá que lo llame Angy, como lo hacen las personas que verdaderamente la quieren.


Preferiría no habérsele desnudado a este desconocido y quizá encontrárselo en otra vida donde ninguno de los dos fuera quien es. Preferiría dejar de ser esa ella que todos ven y nadie conoce. La ambición por llenarse de cosas la paga aceptando el modelo transaccional que la une con desconocidos. Son horas y horas de trasnochos para pulir la escena que adorna sus contenidos mientras su novio vuelve de aquellos viajes secretos. Vivir en Panamá le ha dado un respiro a su anonimato y puede caminar medianamente tranquila, pero sabe que tarde o temprano, alguien la reconocerá.


A este cliente, en particular, quisiera confesarle que cada tanto siente ganas de echarse a llorar por todo lo que ha ido perdiendo desde que le entregó su privacidad a las pantallas. No obstante, esa no es la única preocupación que la agobia, así no lo reconozca conscientemente. Extraña su país, extraña la libertad que tenía cuando no cuidaba sus lujos, extraña sus verdaderos amigos, los incondicionales. Extraña a Martín Bessa y todo lo que pudo haber sido para ella si no hubieran optado cada uno por caminos muy distintos. El árbitro no sabe y probablemente nunca sabrá que ella quiso salvarle la vida. Así como tampoco sabe que este empresario la espera en cualquier parte del mundo porque con sólo sonreír, Angélica le llena el instante fugaz de la frágil conexión cibernética; le anestesia el vacío hasta el próximo encuentro.


“Te pareces tanto a Martín”, piensa antes de darle la bienvenida de nuevo. Pero el cliente puede esperar y no lo va a saludar así. Desbloquea de nuevo la pantalla, Cerciora que todavía tiene batería y retoma la lectura del correo que Bessa le escribió desde una habitación en el Estado de Virginia, allí donde Tin también le escribió a Claudia, la mujer que ama.


¿Se enterará Angélica que Claudia podría ofrecerle una alternativa para salir del mundo de mentiras en el que anda? ¿Claudia, Martín, Kathe y Eduardo se encontrarán definitivamente por un propósito común?


Descubramos lo que está planeado en su destino la próxima temporada de esta serie…

Fin Temporada 1


Por: Luis Felipe Jiménez Jiménez, Bogotá, Junio de 2023.

© Todos los derechos reservados

Foto de The Earthy Jay


-Mi ñero, ese man no está ahí, paila.

-Pere pa, pere pa que ese hijueputa sale

-¡Está con la hembra esa! El pirobo no sale

-Esa ñerita ya no viene a visitarlo socio, está en la mala.


A más de 3800 kilómetros de ahí,  la ausente mujer que nombran estos desadaptados hinchas acaba de leer el email que la aterriza de nuevo en Bogotá.


Su cuerpo, sus sueños profesionales, las expectativas sobre el gran paso que da en su vida… todo está en Washington, aunque su cabeza acaba de volver al alma de dos cuerpos que ha construido con Martín Bessa, el único e irremplazable amor de su vida.


El piso ya terminó de secarse, no hay ningún rastro de vidrios, ni del líquido que ayudó a atraparlos para que cualquiera de las inquilinas camine descalza, a sus anchas, por todo el apartamento. Claudia no ha decidido todavía quitarse las medias y el piso pulido de madera es el perfecto deslizador de sus afanes.


Su agilidad, virtud que encantó a Bessa, lleva a Claudia en menos de dos segundos desde la cama hasta el ventanal liminal donde un aire extra le sirve para coordinar adecuadamente las palabras.


La larga elucubración de Martín es para ella la manifestación explícita de algo más grave. Y todo lo que su novio le cuenta sobre lo bonito que está viviendo con Kathe y Eduardo, pasa a un segundo plano.


-Aló, mi amor, casi no me contestas

-Clau, mi vida, qué sorpresa. ¿Dónde estás mi amor?

-Tin, ¿por qué no me contestabas, corazón? me tienes angustiada. ¿Estás bien?

-Estoy bien, Clau, madrugaste...

-Martín, por favor. ¿Cómo así que tu vida corre peligro en Colombia?

-Mi amor, ya leíste el correo, viste que estoy feliz acá, esta gente es muy especial.

-Martín ¿por qué no me contestas? ¿Qué está pasando?

-Mi amor, tranquila. Me amenazaron. Me dijeron que me iban a matar.

-¿Quééééé? ¿Quién? Martín, ¿cuándo…? ¿Tranquila?


Claudia sube la voz porque siente que la confianza entre ellos ha sido vulnerada. No es posible que suceda algo tan delicado y ella apenas se entere ahora cuando no puede abrazarlo, cuando los kilómetros que los separan les impide mirarse a los ojos.


-¿Recuerdas el vidrio que cambié cuando saliste a llevar los papeles para el sello ese de la traducción oficial que te pedían? El día que le llevaste las frutas a tu mamá.

-Claro, el que rompiste con el balón, el de la ventana oxidada.

-No lo rompí con el balón, Clau. Me tiraron una piedra con la amenaza.

-¿La amenaza? ¿Una piedra? Martín, ponte serio, por favor.

-Mi amor, alguien escribió  en un papel que me iban a matar y amarraron el mensaje en una piedra.

-Algún aficionado que sabe dónde vivíamos, uno de esos fanáticos descerebrados, Martín. ¿Cómo era la letra?

-Yo no sé mi amor, no sé. Era una impresión, no era una nota escrita a mano.

-Martín, por favor. ¿Por qué no me contaste esto?


El tono de voz de Claudia baja, ya su pulso vuelve a percutir con mayor tranquilidad. Pero sigue molesta porque no es justo que su novio haya tenido que inventarse algo tan tonto para ocultar algo que no parece tan grave. Quiere saber con exactitud qué decía el mensaje.


-Mi amor ¿para qué te iba a preocupar? Llevabas casi una semana sin dormir bien, no te habían confirmado lo de la beca, caminabas  rápido, casi ni comías, lo de mis exámenes eran una preocupación suficientemente grave y no quería abrumarte más. Yo soy árbitro, no atajador.

¿Quién te quería asustar así? por Dios, mi cielo ¿Qué decía exactamente el mensaje?

-No sé, Clau. En la cancha se escucha de todo, nos gritan de todo, los mismos jugadores a veces se pasan de irrespetuosos. Pero esto es distinto y ¿sabes? a un colega también lo amenazaron.

-¿Qué decía el mensaje, Martín?

-Decía que me fuera del país o mi mujer me lloraría. ¡Así dijeron! Se metieron contigo, mi amor. ¿Me entiendes?


Bessa se refiere al árbitro tunjano Nemesio Puerta intimidado cuando salía de un hotel contiguo a la Estatua de Simón Bolívar, en Bucaramanga. Esa misma noche, para terminar de instaurar en Puerta el poder anulador del miedo, llevaron a la hija del juez de un lugar a otro con el objetivo de amedrentarla y que intercediera con su padre sobre el resultado del partido entre los locales y los del equipo de la montaña no terminara empatado.


-Tin, mi amor, yo tengo que volver a Bogotá, la semana entrante firmo un convenio interinstitucional y necesito unos papeles. ¡Pongamos la denuncia! Quédate allá tranquilo que de todas formas no te va a pasar nada, no vayas a viajar a Colombia. Cuando vean que la policía los busca, van a dejar de ser tan atrevidos, mi amor. No te preocupes que la estás rompiendo con la Carebúho y la señora Katherine.

-Bueno mi amor, pero cuídate por favor, no vayas a exponerte por los lados del apartamento, por allá no hay nada que hacer ¡para qué darles papaya! Kathe y Eduardo te quieren conocer, mi amor.

-Diles que también los quiero visitar, no estamos tan lejos. Mi vida,  no quiero vivir sin ti.


El capítulo final de la temporada se titula Brenda 9X

Capítulo anterior: La llegada de Clau

Esta historia comenzó con: El Conciliador



Junio de 2023. © Todos los Derechos reservados

“Te amo Clau, buscamos juntos la libertad
Martín Bessa

El codo de Claudia toca el vaso que permaneció vacío desde las diez. La despierta el estallido del cristal contra el suelo. Adaptarse a este nuevo espacio es uno de los desafíos que conquistará con éxito. La habitación donde dormía con Martín, en Bogotá, era mucho más amplia.


En este edificio casi centenario, una ventana gigante se encuentra con las escaleras de emergencia exteriores y permite observar el cruce de la avenida donde las personas deben interrumpir su paso hasta que el semáforo ofrezca la luz verde. Con aquella perspectiva, Claudia ensoñó un par de minutos sobre su futuro en este país, sobre la posibilidad de reunirse con Martín, acá o allá. El ruido urbano no le resultó perturbador en este, el séptimo piso. Es consciente que necesita un entorno tranquilo para descansar y para avanzar en las lecturas que el desarrollo del doctorado imponga. Decidió feliz este lugar para comenzar tranquila la nueva etapa en su vida profesional.



El apartamento lo comparte con tres colegas de dos países distintos y fue construido, seguramente, con una intención distinta a la que sus huéspedes le dan ahora. Es un lugar para dormir, pero los años de uso estudiantil lo han ido transformando en un espacio acogedor donde se establecen vínculos afectivos y más de una complicidad íntima se atesora dentro de esta práctica estructura arquitectónica. Por ser de nadie y de muchas personas simultáneamente, este apartamento guarda su propio estilo y se revitaliza cada cierto tiempo. Ahora, por ejemplo, unas cortinas tejidas a mano por una investigadora de la India, hacen que la luz solar ingrese con distintos colores. Al efecto caleidoscópico lo han valorado más desde que la sonrisa de Kiran dejó de acompañarlos. Se acabaron las actividades grupales de pintura que ella lideraba, pero prometió volver cuando los compromisos que adquirió con el gobierno de su país se lo permiten. Ninguno de los huéspedes ha objetado hasta ahora la presencia de dichas cortinas porque todos, sin ponerse de acuerdo, agradecen la donación y la disfrutan. El lugar se ha llenado de pequeños detalles sin los cuales sería uno más de las residencias estudiantiles, frías y olvidables.


El vertiginoso splashhh del vaso contra el suelo despierta a la roomie (compañera de cuarto) de Claudia. Cuando se levanta para colaborarle a recoger los vidrios ve una carpeta donde reposa información comercial sobre el programa académico que Claudia ha releído varias veces:


“Los graduados del Doctorado en Ciencias Traslacionales de la Salud estarán preparados para crear, traducir, difundir e integrar nuevos conocimientos entre disciplinas para mejorar la práctica de atención médica, informar investigaciones futuras y dar forma a políticas. Los graduados estarán calificados de manera única para:
Servir en posiciones de liderazgo en organizaciones nacionales, agencias gubernamentales e industrias relacionadas con la salud....


-Gracias, no quise despertarte.


-No worries (no te preocupes), yo va salir pronto.

-Nos vemos en la noche, Monik. Martín me escribió un email.


Conoce la reacción de Claudia y su respuesta a la confusa comunicación de Martín en: Sin ti no puedo


Capítulo anterior: Ritmos


Por: Luis Felipe Jiménez Jiménez, Bogotá, mayo de 2023.

© Todos los derechos reservados.

Foto: Anurag Sharma


Recibe novedades y ofertas del Relato del Domingo

¡Gracias por tu mensaje! Ve a tu correo y confirma tu suscripción 

©2024 por El Relato del Domingo

bottom of page