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-Déjela ahí, pero márquela, bien pulido, yo veré, en ambas tetas, como le dije.


-Sí señor


-¡Y véngase rápido con esa carta!


-Voy


Ambos cuelgan sin decir nada más, sin despedirse. El enviado del Colectivo cumple las instrucciones al pie de la letra. Desde la punta de su dedo índice, el guante gotea la tinta escarlata que pretende simular sangre para dramatizar la escena con mayor verosimilitud. Pilar tardará unos minutos en despertar. Sobre su pecho encontrará la amenaza cualquier espejo le revelará al revés:


.ereum es o PH apas atidallaC

Calladita sapa HP o se muere.


Tan pronto llega al nebuloso sótano que le da refugio a Augusto, sin saludarse, el subordinado da la orden por cumplida, entrega la carta y recibe unos billetes de la mano del líder. Nadie pude escucharlos porque están aislados por muros de concreto bajo tierra.


-Ya sabe, quietico y mosca. No lo queremos por ahí dando papaya. Váyase a su casa normal, como si nada. Pasado mañana se me va a La finca.


-Sí señor y no se preocupe que nadie me vio


-Suerte.


No hay ningún “gracias”, simplemente se han cumplido las órdenes. La obediencia es la manifestación de su compromiso con el Colectivo, con el ideal común.


Augusto advierte algo curioso en el tipo de letra consignado en la carta, trata de recordar aquellos trazos que le conoció a Félix cuando era su estudiante en el bachillerato, pero lo que ve no le resulta familiar. Se pregunta si su propia letra ha sido modificada durante el paso de los años e intenta captar un vínculo entre ellos, algo que lo lleve a aquel pasado compartido. Pero nada los ata porque Augusto está convencido que cualquier apego es síntoma de una debilidad que atenta contra su ideal revolucionario. La amistad fue real, hace años, pero es más importante el presente y el inmediato futuro que le espera como nuevo Senador de la República. Está a punto obtener el poder que el Colectivo le ha vendido a sus simpatizantes con esperanza, el gran cambio. No obstante, es consciente que son falsas las promesas según las cuales ahora sí comenzarán a modificar los cimientos del establecimiento en procura de una sociedad mejor y más justa.


Sabe perfectamente que eso de la democracia real, del verdadero gobierno popular no son más que ilusiones dentro de la estrategia movilizadora de masas. Está convencido que la indignación puede provocarse, puede exacerbarse a través del adoctrinamiento sostenido. Sabe que el Colectivo obtendrá los privilegios a los que aspira para fortalecerse como nueva élite.


Le prestó suficiente atención a la lectura de Pilar, así que decide saltarse la parte de la carta cuyo contenido ya conoce. Le intriga saber todo lo que Félix alcanzó a confesar en el resto de esa confesión que por suerte, se dice, ya nadie más conocerá.


“(...) su hipótesis era que los mismos escoltas eran infiltrados de sus enemigos para tenerlo vigilado y facilitar algún día un atentado en su contra. Pero no todo es hermoso. Descubrí que en realidad me iban a utilizar, me querían ofrecer para dar un golpe de opinión. Augusto es paranoico y yo sé lo que es eso. Está claro que desconfiaba de sus escoltas, pero ninguno de ellos ofrecía ningún peligro para él. Lo del golpe de opinión se lo escuché, sin que se diera cuenta, cuando fui a entregarle dos informes del seguimiento que le hice a sus escoltas. No sé exactamente qué es lo que tiene planeado el Colectivo para mí, pero creo que me quieren sacrificar. Ya no puedo confiar más en ellos. Es más, creo que mi vida corre peligro porque (…)"


Augusto detiene la lectura, cierra los ojos y respira. Ya sabe lo que tiene que hacer, no está dispuesto a perder todo lo que han logrado desde que volvió del exilio. Mucho les costó fabricar la amenaza en su contra para que fuera verosímil para el Estado, su enemigo natural. Ahora que ha ganado protagonismo en la vida política, necesita sacar a Félix del camino.


-Hasta acá llegaste, sapo- dice entre dientes.




Toma el teléfono y la sim card nuevos y marca un número que nunca va a registra como contacto. A l otro lado de la línea le contesta otro de sus aliados.


-Acá lo reporto a unos 30 metros, está solo, usted dirá.


-No quiero escándalos, usted sabe qué hacer…


Actualidad Bogotá

Las autoridades confirman que la mano ensangrentada que apareció en la cabeza del Ché Guevara, en el Auditorio León de Greiff en la Universidad Nacional pertenece a Félix Helmo Bustamante, ex líder sindical y conocido periodista a quien se le había perdido el rastro. Según una fuente, Helmo Bustamante decidió abandonarse el licor y los excesos y se encontraba alejado de los medios. Las primeras investigaciones indican que pudo tratarse de una retaliación por su pasado como líder de izquierda. Sin embargo, no se descarta una segunda línea de investigación que lo vincula con una célula urbana de un grupo guerrillero. Esta hipótesis ha sido desmentida por Augusto Villar, candidato al Senado quien se puso a disposición de las autoridades para colaborar con la investigación para dar con los responsables de la posible desaparición del comunicador.


“Félix ya había superado sus antiguos fantasmas y estaba manejando muy bien lo de sus adicciones. Él nos venía colaborando en distintas labores de la campaña y tenemos indicios para creer que se trata de un método para callarnos o sacarnos de la contienda electoral. Agradecemos el apoyo que hemos recibido y las oraciones de todos los colombianos para lograr que aparezca pronto sano y salvo y le decimos a sus captores que con esto no nos van a amedrentar, no nos van a callar. Estamos dispuestos a colaborar con las autoridades para rescatar sano y salvo a nuestro amigo porque somos su única familia. Colectivo Patria, hasta la victoria”.


Esta historia continuará el próximo domingo 22 de mayo.

Lee acá el capítulo anterior titulado Traición

 

Por: Luis Felipe Jiménez Jiménez (1976)

© Todos los derechos reservados 2022.

Este capítulo es la novena y penúltima entrega de una historia que comenzó con El juego

Foto: cottonbro


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