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Cansada de los perros machistas de por acá, decidí geolocalizar mis búsquedas con un rango más amplio. La foto que escogí ayudaba mucho a recibir pronto la aprobación tanto de chicos como de chicas.


Primero salí con Mara, una española que inmigró, pero que no hacía sino hablar de la libertad en su amada Barcelona.


Fue lindo, corto, pero lindo. Luego salí con un tipo que me confesó que estaba casado y hasta ahí llego todo. Después me vi con una mujer que se decía pansexual, pero cuyo real interés era que le pagara el arriendo.


Y entonces llegó Mike. Acá las cosas se pusieron más interesantes.


En los primeros chats me contó que era un empresario y buscaba invertir en la industria de la cannabis medicinal. Dijo que ya había comprado un gran lote de tierra en el Cauca para comenzar el proceso. Buscaba participar en toda la producción e industrialización y según él, contaba con un socio capitalista en Canadá que “tenía lista la cadena de distribución para nuestros productos”.


Yo no quise contarle tan rápido que ya había probado la marihuana y menos darle a conocer las circunstancias y compañías con las que lo había hecho. Todo lo relacionado con mi ex estaba envuelto en la bóveda de lo intocable, donde no pensaba regresar jamás.


En la primera visita me contó de un aceite que ya se vendía en su país. un producto de tantos de cannabis ingeribles para tratar la epilepsia. Lo probamos con Brito, el terrier de mi hermanita. Milagrosamente al perrito le vino bien esa cosa.


Poco a poco fue ganándose el aprecio de toda mi familia, sigiloso. Con sonrisas y regalos, invitaciones y cortesías, “enamoró” a la que iba a ser su suegra.


Un tío decidió invertir en la empresa de Mike. Su apoyo desde la agronomía le resultó fascinante al norteamericano y todos celebramos con cariñosos abrazos por los nuevos lazos colombo-canadiences. Sin duda, una alianza que, como decía mi hemanito, “nos sacaría de la inmunda”.


Los cultivos comenzaron a mostrar avances de manera muy veloz y Mike no dudó en compartir el éxito de su empresa en las redes sociales.


Sin embargo fue la noche anterior a la Semana Santa cuando todo cambió para cada uno de nosotros.


El paseo a la casita de Ángela, en La Vega, había transcurrido en bonita armonía. Me sorprendió que por primera vez un solo petaco alcanzó para todos. Magola y Rubén se lucieron con el sancocho, los niños jugaron felices. Fue el momento indicado para estrenar la remodelación de la piscina, ahora dividida en dos para que los más pequeños pudieran bañarse sin peligro.

Al atardecer decidimos dejar todo a medio recoger, al fin y al cabo nos quedaríamos dos días más y no había afán de limpiar el asador, ni de descolgar las hamacas.


A media noche me despertó un ruido, pensé que se trataba nuevamemte de Lola, la gata del sector, así que no me alerté tanto. Luego, como si a la noche le colgaran fantasmas, unos quejidos extraños, unas lamentaciones insoportables comenzaron a repetirse en coro.


Fui primero a la habitación de Ricardo. Mi hermano solía hacernos esa bromas cuando éramos niños. Pero no estaba allí y su cama no había sido destendida.


Luego fui donde mi mami y le pregunté si Mike le había dicho algo porque tampoco lo encontraba a él.


Mi tío nos interrumpió con la advertencia que había escuchado a través del radioteléfono: El grupo de seguridad comunal informó una emergencia y solicitó que todos llamáramos pronto a la policía. Hacerlo así, en manada, garantizaría la acción de los uniformados.


La noche estaba tibia, no llovía y cualquier acontecimiento climático estaba prácticamente descartado.


-Cami, Cami ¿dónde está tu hermano?


No supe qué responder, él ya no tomaba y todos sabíamos que andaba en buenos pasos.


¿Y Mike? ¿por qué no estaba ninguno de los dos?


Con velas y linternas los buscamos en los jardines de la pequeña montaña que daba al costado sur de la finca.


Cuando regresamos, debajo del carro, los dos cuerpos yacían amarrados de la cintura, sus manos habían sido desmembradas y colgaban de sus bocas. Del cuello de Mike, una nota nos advertía:


-"Dejen de trabajar con droga, ese no es su negocio. ¡Quedan advertidos!”.

FIN


 

Profesional en Estudios Literarios. Magíster en Comunicación Editor de Relato del Domingo Relato publicado inicialmente el 3 de febrero de 2019.

Segunda edición: enero de 2022

© Todos los derechos reservados

Imagen: Michael Fischer



4 comentarios


Patricia L.G.
Patricia L.G.
10 ene 2022

😯😯😯...final inesperado!...

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Miembro desconocido
11 ene 2022
Contestando a

Gracias por tiu lectura, querida Patricia ❤️🫂

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Ya le estoy percibiendo el estilo narrativo al autor. Muy bueno e inesperado final.

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Miembro desconocido
09 ene 2022
Contestando a

Qué bien, el estilo es algo que tarda en cosecharse. Incluso en nuestro sitio web podemos apreciar varios juegos con estilos diferentes del mismo autor.

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