- felipepoet

- hace 1 día
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Cuando escuché a la cantante colombiana Carolina Muñoz recordé a mi primera maestra de música. Martha, en ese momento, era una mujer exigente, estricta, sensible y dulce. Yo sentía algo de temor por su figura de autoridad, sobre todo cuando nos enseñaba el solfeo, la gramática musical, tan compleja e indispensable.

A Carolina se le nota el esfuerzo para llegar donde está. Y llegó muy lejos, es toda una celebridad en España, país que la recibió con los brazos abiertos. No he hablado con Carolina sino un par de veces, pero la recuerdo como una mujer talentosa con una prodigiosa voz. Tuvimos el privilegio de contar con la misma primera música maestra: Martha Sáenz. Carolina decidió hacer lo que yo no tuve el valor de hacer: dedicarse estudiar y a vivir de la música.
La voz de Carolina, hoy en día, es muestra del fruto del talento y el esfuerzo. ¿De qué nos sirve tener talento para algo si no lo trabajamos? El trabajo de los artistas no siempre es reconocido como quisiéramos.
Como música, Maestra, con M mayúscula, Carolina enfrenta hoy en día la vertiginosa implacabilidad de lo instantáneo; ese afán y la ansiedad de las redes sociales. Esa angustia por la aprobación de un público disperso y sobre estimulado por múltiples fuentes de entretenimiento.
Ahora a los músicos parece que los evaluaran las cifras de descargas o de vistas o de likes. Triste, muchos talentosos artistas no cobran fama virtual y no es porque no sean prodigiosos, talentosos o excepcionales, como ella. Carolina Muñoz no necesita likes, aunque los tiene. Ella brilla por sí sola, gracias a Dios.
Hoy en día las modas tienden a llevarse los aplausos. Por eso es más fácil ver a “músicos” de mentiras que hacen ruido o que expresan de manera muy precaria, pero que se valen de instrumentos tecnológicos para repetir fórmulas exitosas. Yo mismo, que soy un percusionista aficionado, he hecho varias canciones "divinas" con un par de prompts en inteligencias artificiales, pero eso no me hace más o menos sensible a los fenómenos musicales. No soy músico profesional, aunque quisiera tener la oportunidad de estudiar música. Es un sueño que me debo.
He decidido retomar mi instrumento y llevo un par de meses comprometido con la batería para mejorar mis técnicas. Ahora quiero aprender a tocar bajo y buscaré una oportunidad con un Maestro. Quiero dedicarle mi vida a la música y dejar de escribir ficciones. O tal vez sea el momento de escribir canciones para describir mis ficciones, no lo sé. Como artista busco siempre la expresividad y si mi música son mis poemas, buscaré una persona música profesional que honre mis poemas.
Hoy en día, sumidos en los imperios de: la "verdad", la cifra y la estética facilista; es común ver el triunfo de cantantes que exacerban su erotismo para cobrar. Hoy en día es menos común encontrar músicos orgánicos, profesionales, estudiosos de su instrumento.
Pienso en Shakira o Karol G, mujeres muy talentosas y cuya expresividad es fantástica, pienso en otras personas que quizá no tienen sus cuerpos o sus talentos. Todas, sin excepción, son expresiones de la libertad y las festejo, pero me quedo, es mi criterio subjetivo, con las que van un poco más hondo en la expresividad de lo humano, de los dramas y las alegrías. Me quedo con la persona artista que no necesita un cuerpo "bello" para triunfar. ¿Acaso no todos los cuerpos son bellos? Lo son, gracias a Dios.
Como artista, festejo que en el mercado musical existan alternativas tan bellas de músicas hechas desde lo orgánico, desde lo humano. Y al mismo tiempo siento algo de angustia por la sistematización de la experiencia cultural. No debemos perder lo humano, cada vez menos. Estamos ante un gran problema epistemológico: la des-humanización de la experiencia. No permitamos que la robotización de la cotidianidad nos gobierne. Volvamos a sentir, a llorar… volvamos a reír.
¿Acaso no estamos cansados de repetirle a bots en whatsapp lo que somos, lo que queremos o lo que soñamos? Basta ¡volvamos al arte original, al análogo!
Te invito a conocer el arte de Carolina Muñoz Torres. Escucha a los músicos que la acompañan. Este es su canal en spotify. Y si quieres conocerla, in fraganti, disfruta este video tan divino:

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