- ElRelatoDelDomingo

- hace 23 horas
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ADVERTENCIA: para escuchar esta imaginación es indispensable escuchar simultáneamente la canción: "Todos los seres humanos son héroes porque saben perfectamente a quien contarle sus derrotas" de Klement Segur del Pilar, disponible en su plataforma de streaming preferida.
Impávido, sin inmutarse, sereno y vigilante, en una esquina sobre el noveno escalón de las graderías, un hombre siente la mirada de Beatriz…
La inquieta la responsabilidad que le asignó el Estado.
La inquieta ver a este hombre, vestido por el desparpajo.
La inquieta verlo mirando todo, mirándola a ella y a todo el mundo. Como un acechador, como un lobo hambriento, silente.
Pensó en abordarlo cuando su cuerpo le pida ir al baño; ese oscuro baño sin papel higiénico. Sin embargo, como reza el protocolo, no debe haber alguna interacción sospechosa entre ambos. No puede decirle que deje de mirarla, que vaya a mirar a su mamá, a su hija, que la deje en paz. Hay muchos testigos que observarían ese acto como un plan corrupto, un delito electoral.
Beatriz es una de las mujeres que cuidan la gran fiesta de las elecciones.
En la mesa de votación que le asignó la Registraduría hay dos cuatro mujeres, hay dos hombres. No le queda difícil intuir a Beatriz por quién decidieron votar sus compañeros jurados.
La intuición, ese músculo de la experiencia.
Un comentario de cada uno, con la aguda ironía de cualquier reflexión sobre la realidad económica, ubica, en el imaginario de esta mujer, a quienes votan como ella y a quienes no. Ninguna de estas personas "vale" más que la otra y ninguna de sus expectativas es más o menos justa.
Ninguna de las personas jurados de votación tuvo la valentía de cantar su voto en las jornadas de capacitación; aunque todos lo dijeron con los ojos, con los gestos y con el lenguaje corporal.
La capacitación fue una fiesta de risas y reflexiones sobre lo arbitrario del azar. Dos de los jurados fueron reemplazados a última hora por alguna inasistencia que nadie, excepto ellos, conocen.
Algunos querían ser jurados y otros no. Entre quienes se sienten obligados se repite un acto telepático: "otra vez".
Una de ellas cuenta que hace tres años iba a ser sancionada severamente por incumplir la cita, pero remedió la falla con una razón objetiva: aquel día murió su madre y le fue imposible asistir a la jornada electoral.
Sobre el recuerdo ingrato, el duelo, hay reclamos empáticos por parte todos los jurados. Injusto algún reclamo por su ausencia.
¡Cómo así que tienes que ser jurado por obligación! se oyó.
Después, al final de la capacitación, cuando la confianza los animó, se burlaron de la suerte y una que otra risa motivó a considerarse un equipo importante, dado el compromiso común de cuidar la libre elección de los ciudadanos.
Es él, se dice Beatriz. Ese hombre inexpresivo que no habla con nadie y que parece vigilar desde las graderías. Es él, se dice.
Beatriz se propone vigilarlo. 8 años procuró con responsabilidad la fiesta. Ya intuye el resultado. En esta fiesta todos ganan y todos pierden. El empate es el único sabor mutuamente garantizado.
Ya no hay miedo, se dice. Es momento de celebrar.
En pocas horas la señorita Beatriz constata un impredecible resultado: la disminución de la abstención no altera dramáticamente los resultados.
Autor: Frívolo Ramírez Kayasa.


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