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"Elegir la poesía es decidirse contra el sentido común. No resulta práctico. Pero tiene la particularidad que se vence después de muerto".

Jaime Jaramillo Escobar


Esta evocación es un homenaje a manera de remembranza al que fue, considerado por los mismos nadaístas, el poeta mayor del Nadaísmo. El pasado 10 de septiembre de 2021 cambió de escenario QEPD y en muchos titulares de prensa su nombre apareció junto con su seudónimo X-504. Cuando lo entrevisté hace más de 10 años, Jaime me dijo que no lo llamara con el seudónimo dado que él había decidido prescindir del mismo porque todo escritor debe ser lo suficientemente responsable con su obra para responder con su nombre por ella.

Cédula de Jaime Jaramillo Escobar
Cédula de Jaime Jaramillo Escobar


El expresidente de Colombia Belisario Betancourt no esperaba que un joven despeinado se le acercara con semejante pregunta. El 19 de abril de 2006, durante el lanzamiento de un libro de María Fornaguera en la sede del Grupo Editorial Santillana, le pregunté a Betancourt sobre el poeta Jaime Jaramillo Escobar (1932-2021). Sabía de antemano que trabajaron juntos en una Editorial. El político había sido jefe del poeta. Su respuesta fue concisa, aunque reveladora: “Él tenía un gran problema, llegaba a las ocho de la mañana y se iba a las diez de la noche. Era un excelente trabajador en Tercer Mundo Editores y como persona, era ejemplar. En todo aspecto, una persona magnífica”. Mi investigación sobre la obra de Jaime Jaramillo Escobar estaba a punto de producir un ensayo que presenté como trabajo de grado para optar por el título de Profesional en Estudios Literarios.


El proyecto


El proceso de investigación duró bastante tiempo porque se me presentaron algunas dificultades en la burocracia académica para conseguir un director (tutor) que se animara a trabajar conmigo en un tema que no era muy bienvenido, hasta entonces, por la academia. Algunos profesores me advirtieron que no iba a poder presentar ese proyecto de trabajo de grado por tratarse de un autor vivo. Esa condición ya no era un impedimento, según supe, pero no todos los profesores estaban enterados. Finalmente el poeta Henry Luque Muñoz, que dictaba la Cátedra de Shakespeare y además era un especialista en literatura rusa, aceptó acompañar mi proceso de trabajo de grado. Luque hizo parte de la denominada "Generación Sin Nombre" también conocida como "Generación Desencantada" o "Generación de Golpe de Dados" que siguió y confrontó al Nadaísmo. No dejaba de ser curioso que tres de los poetas de dicha generación me dictaron clases: Augusto Pinilla, Jaime García Maffla y como he dicho, Henry Luque Muñoz.


Tres semanas después de haber aceptado dirigir mi proyecto, el poeta Luque sufrió una trombosis que le impidió continuar con su labor como docente. Cuando fuí a visitarlo a la Clínica Marly para ver cómo seguía y ofrecerle mi apoyo a la familia, el poeta estaba impedido para comunicarse oralmente. En su lecho de convaleciente, el poeta Luque tuvo un gesto que me inspiró a seguir adelante con el proyecto. Antes del gesto, alcancé a considerar la opción de cambiar de tema y dejar a un lado la obra de Jaime Jaramillo Escobar para optar por un autor quizá menos controvertido. Quizá investigaría algo sobre la obra de Germán Espinosa, por ejemplo. Lo único que tenía claro es que quería abarcar a un autor colombiano porque consideraba que ya había muchas tesis sobre autores extranjeros y no me sentía cómodo dándole a los archivos una nueva investigación sobre Cortázar, Flaubert u otro autor ampliamente conocido. El gesto del poeta Luque quedó confirmado cuando, unos días después, su esposa, al confirmarme el fallecimiento de Luque, me dijo que yo había sido la única persona a la que él le ofreció un saludo con la mano desde esa cama donde convalecó los últimos momentos de su vida.


La sorpresa


-“Estoy buscando un libro del poeta Jaime Jaramillo Escobar y me dijeron que en esta biblioteca podía encontrarlo”, le dije a la funcionaria de la Biblioteca Pública Piloto que muy amablemente me hizo pasar a su ofocina resguardada del sol por la estructura del edificio ubicado en el barrio Carlos E Restrepo, cerca al sector de Suramericana, en Medellín.


- “Claro, esperá un momento y ya mismo le preguntamos a Jaime a ver qué nos dice….”


Yo no buscaba al autor, ni creía que allí podría establecer algún tipo de contacto con él. Me interesaba una edición específica de un libro que no había podido encontrar en la biblioteca de mi universidad en Bogotá.


“Aló, Jaime, acá hay un joven preguntando por tu libro y tenemos uno…” Lo que dijo el poeta no lo pude escuchar, pero inmediatamente, la funcionaria interrumpió para preguntarme:


-¿De dónde es que vienes?


-"Soy estudiante de la Universidad Javeriana y estoy comenzando una investigación sobre la obra del poeta…"


Al parecer Jaime escuchó mi respuesta y le pidió a la funcionaria que me pasara al teléfono.


¡Buena suerte la mía! fuí por un libro y ya estaba hablando con el poeta. Me presenté, le dije que me había gustado un poema suyo y que quería profundizar más sobre su obra completa para mi trabajo de grado. El poeta, sin dudarlo, me dijo que anotara su dirección y me preguntó si estaba familiarizado con las ubicaciones en Medellín para que no me fuera a perder. Cuando colgamos, la funcionaria me entregó un ejemplar de "Poemas de Tierra Caliente y Sombrero de Ahogado" y me dijo que era un regalo del poeta.



La cita quedó para las 3 de la tarde del siguiente jueves. Para que no me perdiera, me explicó cómo llegar de manera muy general y al final me dio el dato clave: “vivo al lado del almacén Éxito de Laureles”. En ese entonces ni él ni yo usábamos teléfono móvil, así que el poeta simplemente confió que sus indicaciones serían suficientes. Previendo que pudiera perderme, le pedí que me acompañara a una prima que vivía en Medellín. El día de la cita llegamos puntuales y la primera sorpresa fue que el poeta nos recibió sin camisa, ni camiseta, con una pantaloneta y descalzo. Durante la charla hizo énfasis en algo que a lo largo de su vida siempre defendió y que está registrado en algunos medios de comuniocación así como en un libro de sus poemas: la importancia de escribir desnudo. En su caso, esa no sólo era una invitación para que los ecritores escribieran desnudos de ropa, sino desnudos de prejuicios. En ese momento Jaime ya había pasado los 70 años de edad y fue muy curioso ver que en su ombligo se destacaba un piercing color púrpura. No pude evitar preguntarle sobre ese accesorio y me dijo que él había sido un pionero en Colombia no sólo de eso sino de muchas otras cosas. Dijo que los tatuajes, por ejemplo aunque comenzaban a ser una moda más generalizada, no lo eran en su juventud y que varios de sus compañeros del Nadaísmo habían dado ese paso de expresividad. Hizo hincapié sobre cómo el Nadaísmo irrumpió de manera irritante en la realidad del mundo cultural colombiano, pero fue enfático que su interés particular nunca fue el escándalo sino la literatura. Esa revelación fue fundamental para la justificación de mi trabajo de grado.


Antes de sentarnos, nos ofreció un mate y una mandarina. Yo no había probado el mate y me pareció una bebida extraña, con un sabor que ni se le parecía al café ni al tea. Por sugerencia suya no le pusimos ningún endulzante. Confieso que tardé en terminármelo porque no me deslumbró el sabor, que ahora valoro de otra manera. El poeta me notó ansioso y me hizo algún chiste sobre mi juventud y los afanes propios de mi edad. En efecto mi ansiedad se expresaba por la preocupación de encontrar la manera de documentar la entrevista. Tenía en mi morral una grabadora para registrar la voz del poeta, si él me lo permitía. Intuía que todo lo que me dijera podría ser importante para la investigación y por qué no, para un artículo de prensa. En la investigación sobre el poeta y su obra encontré que Gonzalo Arango había dicho que pagaba con su cabeza al que fuera capaz de sacarle una entrevista a X 504. Así que haber estado en su apartamento no sólo era un privilegio para mí, sino que de alguna forma tenía que encontrar la forma de registrarse.


“¿Puedo grabar la charla, poeta?”


-"Puedes grabarla, claro, pero desde el momento que actives la grabación todo lo que digamos acá va a estar supeditado por esa máquina y tal vez nuestra conversación no fluya tranquilamente. Mejor escribe todo lo que quieras y olvídate de esa grabadora por hoy".


Esa invitación a sustituir la grabadora por el esfero terminó siendo fantástica porque me permitió registrar con mis manos las impresiones que me daba estar frente a semejante figura. Jaime parecía un tipo solitario, tranquilo, sabio. No ostentaba absolutamente nada. No hablaba de los premios que se había ganado, ni del prestigio de sus poemas en algunos circuitos literarios. Aludía a esos temas sólo si yo le preguntaba concretamente sobre ellos. Aunque se mostraba como una persona muy sencilla y cero engreída, cada cosa que decía mostraba en él una potente sabiduría. Me dijo que aunque leía literatura, le encantaba leer sobre ciencia. De esto supe luego cuando encontré alusiones al conocimiento científico en reseñas que le publicaron a Jaime en el Boletín Cultural y Bibliográfico del Banco de la República. El poeta Darío Jaramillo Agudelo que coordinaba la extensión cultural del Banco, supo darle un espacio generoso a Jaime para que su obra no sólo sólo quedara inmortalizada desde sus poemas publicados, sino en un gran número de ensayos cuyo rigor investigativo adplecen hoy muchos periodistas afanados por el clickbait la notica light e intrascendente.


La voz y el ritmo del poeta


Leyó varios poemas de otros autores a través de una voz calmada, tranquila. Al comienzo sentí que su lectura para recitar esos poemas era demasiado lenta. Su ritmo, sin ningún tipo de ansiedad, contrastaba con mi ansiedad, porque no sabía si iba a tener la posibilidad de volver a entrevstarlo o si de un momento a otro me diría que termináramos la visita. Le pregunté sobre su infancia en Pueblo Rico Antioquia, sobre cómo había conocido a Gonzalo Arango, sobre Andrés Caicedo, también sobre Raúl Gómez Jattin. Mi curiosidad también abarcó la inquietud acerca de cómo habían vivido los Nadaístas el movimiento hippie y si ellos se consideraban como unos exponentes de ese movimiento mundial. Era inevitable preguntarle por ese escandaloso acto en el que entraron a una iglesia con materia fecal para untarla en las ostias. Su respuesta fue que aunque ellos tenía una serie de actitudes contestatarias y contraculturales, hubo más mitos sobre ellos que lo que realmente alcanzaron a hacer. Sobre los hippies sostuvo que eran más una moda extranjera que a ellos, los nadaísrtas, no los determinaba ni los simbolizaba con precisión. La noción de nada, para Jaime, era una expresión que iba incluso contra ese tipo de modas de la cultuta popular. Me advirtió, eso sí, que algunos de los nadaístas en efecto encontraron en el movimiento hippie la posibilidad e promocionar sus obras no necesariamente de índole literaria. Me habó de Pablus Gallinazus y de la importante participación y apoyo de grupos de mujeres como Marta Traba. Cuando hablamos de las drogas me leyó su magnífico poema ·"El mundo de las maravillas" y me dijo que ahí estaba todo lo que él pensaba sobre las drogas, que lo leyera cuantas veces fuera necesario y ojalá en voz alta.



En cada una de las respuestas, generosamente hacía una especie de arte poética en las que reflexionaba sobre el oficio del escritor y particularmente sobre la condición del poeta en nuestra época. En cada pregunta, por alguna razón, llegaba a su memoria un texto distinto que rápido ubicaba en su biblioteca y con la paciencia que tenía su lectura en voz alta, me lo leía. Asumo que leer esos textos le ayudaba a recordar también la precisión de los sucesos históricos detrás de cada una de mis preguntas. Quedó claro que nunca tuvo como objetivo la fama, ni el prestigio. Para él escribir era un modo de vivir, no un modo para ganarse la vida. Jaime fue funcionario público, trabajó en una estación de policía, hizo parte de un grupo de poetas que creaban textos para publicidad.


Llegado el momento me atreví a sacar un par de mis poemas de mi morral. Le pedí permiso para leérselos y él muy atentamente escucho mi declamación. Luego, me pidió que se los dejara leer a él y después de un expectante silencio, con absoluta franqueza, me dijo:


-"Acá hay un poeta, un poeta que necesita seguir trabajando en la consolidación de su estilo, felicitaciones".


Cuando nos depedimos le prometí que un día le haría llegar el texto definitivo. Tuve la oportunidad de visitarlo nuevamente en su casa y también en el taller de Poesía que lideraba en la Biblioteca Pública Piloto donde me presentó como uno de esos académicos que se habían atrevido a investigar sobre su obra. Con humor certero insistió que no creía mucho en los aportes de la academia y que la crítca literaria era algo que muy poco le interesaba.


Lo llamé durante algunos de sus cumpleaños y le llevé mi ensayo para que lo conservara. El ensayo también se lo llevé al poeta Darío Jaramillo Agudelo en el Banco de la República. Me agradeció por darle más visibilidad a la obra de su gran amigo. Luego me invitó a reseñar un libro de poesía para el Boletín Cultural y Bibliográfico.


Siempre recordaré lo que Jaime Jaramillo Escobar me dijo antes de despedirse la última vez que hablamos y que ya había anticipado de alguna forma a través de un papelito que me entregó en su Taller literario:


-"¿Sabes Luis Felipe?" no escribas nunca para la fama, ni para publicar, ni para nada más que para decir algo y para ser feliz. A mí, para que sepas, me han dado por muerto varias veces. De uno dicen siempre muchas cosas que no son ciertas y eso es inevitable, escribe, escribe".




Finalmente la muerte lo llamó definitivamente en el plano físico el 10 de septiembre de este año. Y con nosotros, los que lo conocimos, siempre habrá un testimonio de su virtud.


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