Capítulo III de La visita oportuna
La bala se movió desde el cañón de una sig sauer hasta el cuerpo del hombre a la velocidad prevista, el que iba a morir no se enteró, ni se lo imaginó. Le habían advertido que en cualquier lugar se podría ubicar el francotirador.
La advertencia: “las personas que leen a cada uno de los que se acercan, hacen parte de un esquema de seguridad invulnerable". Tres civiles disfrazados de parroquianos, dos mujeres disfrazadas de meseras, un excombatiente de un grupo armado, dos oficiales y tres suboficiales hacían parte del primer círculo, el más cercano. Entre estas personas estaba Clemente, un soldado de la patria que dio todo por ella y que, si pudiera hablar, tal vez habría dicho:
“Desconéctenme ya, quítenme ese medicamento que mantiene vivo mi corazón. No quiero contar nada, ni vivir más. No me jodan la puta vida. Ya no sé si vuelva a caminar y yo sin mis piernas para dónde agarro…”
Clemente, sin embargo, no pudo contestar ninguna pregunta y nuestro investigador no sabía que el enfermo cuidado en ese gran hospital era un tesoro de la verdad. La única.
Los hechos ocurrieron así:
Adoctrinado por un grupillo de rebeldes de camiseta roja, para afianzar su compromiso con el grupo, un joven se llenó de odio y creyó que ahí radicaba su valor. Recibió varios millones de pesos, una moto y un arma. Pensaba darle del cochino premio a su madre, para que saliera de la temible deuda del gota a gota. Ella, por supuesto, ignoró siempre que el angelito, estudiante de derecho en un prestigiosa universidad, se había considerado a sí mismo un revolucionario dispuesto a cambiar al mundo.
La organización juvenil comunista los citó el martes 19 de abril en un salón comunal de un barrio en un municipio cercano a la ciudad más poblada. Llegaron seis jóvenes y dos adultos mayores. Allí, gracias a la donación anónima de un líder que se esconde en el bosque, compartieron tamales y bebieron un licor fermentado por ellos mismos.
-La rumba, señores, es lo que más les permitirá acceder a las conciencias de la clase burguesa; lléguenle ahí a las chicas y pídanle sus redes sociales. Toda información pásenla al Koman y la organización se encarga de hacer el seguimiento. Recuerden: el primer objetivo es que reconozcan su conciencia de clase. Somos pueblo ¡fuerza! ¡victoria!
Una foto del tal Koman, un alias, claro, fue desprendida del muro al acabarse la reunión. El objetivo era que no se olvidaran de la cara del comandante de esta precisa operación porque, a cada uno de los participantes les llegó también, consumado el atentado y de propia boca de Koman, una amenaza de muerte si alguno de los cómplices delataba al grupo.

-Señorita, buenas tardes
-Tiempos ¿cómo le fue?
Bien y mal ¿ya supo?
-¿Se murió? Sí, se murió cierto?
-A ver Sara…
-¿Se murió? Antes duró mucho ahí, vida puerca.
-¿Usted por qué no quiso visitarlo más, no le duele?
-No, no venga con sus cuentos. Yo sí lo visitaba, yo quise hablar con él, se llevó muchos secretos de la familia. Ese man no era mi papá, yo sé que no.
-Ayer me llamaron para ver si firmaba no sé qué cosa, como dije que era el primo…
-Dígales que usted lo quería entrevistar y ya, eso no le coma, dígales que la única familiar viva soy yo y que no pienso hacerme cargo. Que no tengo cómo.
-¿Qué le hizo, cuénteme?
-Nahh, me tengo que ir, ya no quiero hablar más. Mauricio, déjeme en paz
-Espere…
Si el frío y pesado escudo de metal pudiera contar esta historia, diría, más o menos, esto:
La tarde del viernes 18 de agosto, todos los presentes dejaron de sentir frío cuando sonó el primer fogonazo. No me cayó a mí, a penas me rosó esa puta bala. Tampoco impactó al humano. El segundo, tercero y cuarto balazo lograron impactarme y don Clemente resistió con fuerza. Fue tal su heroísmo, que el quinto impacto cruzó su omóplato y ahí me soltó. Nadie optó por tomarme de nuevo para salvar su vida,. De ahí en adelante miré al cielo mientras sonaban los gritos, el dolor y la incertidumbre humana. Fueron yayos de luces y angustias las que pude ver desde el suelo. Hice lo que pude.
El candidato está vivo y Clemente duerme. Si despierta podrá responder la única pregunta que los apasionados periodistas no harán, porque no les interesa o porque eso no vende:
¿Qué hizo que usted prefiriera cuidar la vida de su protegido sobre su vida misma?
FIN
Autor: Luis Felipe Jiménez @. Este cuento fue imaginado, escrito, redactado, corregido y editado sin la asistencia de inteligencias artificiales. Todos los derechos reservados. Bogotá, Colombia, 2026.
La imagen ha sido co-creada con GrokAI y en nuestra cuenta en instagram @elrelatodeldomingo con GeminiAI


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