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Sobre la estética del fútbol, la técnica, la lucha y el talento giró el comienzo de esta columna de opinión. Juan Camilo Portilla, Luis Díaz y la magistral Catalina Usme, en ese orden, fueron los inspiradores de “En el ángulo”. Hoy vamos a hablar del amor y la fidelidad. 


En el ángulo busca ver lo que los detractores del deporte más bello y completo del mundo no quieren ver; lo que no han visto o se niegan a reconocer. La cuarta columna recordó a Naranjito, la mascota del Mundial de España en 1982. 


Fue ese año cuando este poeta, siendo un niño tímido e inquieto, comenzó a ver transmisiones de fútbol por tv.  Me hice hincha, como muchos colombianos, del América de Cali. Hoy, pese a que me ganaré a algunos contradictores más, sobre todo los que ven el deporte como un lugar sagrado para rivalizar; también me declaro hincha del Junior de Barranquilla, “puro cuervo”. 


En mi más reciente visita al Caribe colombiano conocí varias poblaciones y conversé con muchas personas. Entre estas personas, comprendí la pasión por el tiburón que apasiona a muchos jóvenes barranquilleros y que es constatable en las diversas hinchadas en todo el país. El hincha colombiano tiende a ser muy apasionado y hasta radical. Sabemos que para ellos la camiseta, los trapos (banderas), los símbolos, son su modelo identitario, su lugar de ser, su lugar para ser.


Se sienten en familia y aunque no juzgo, intuyo que tal vez las otras familias a las que pertenecen cada una de estas personas, no los llenan, ni les permiten la libertad que la barra sí les avala. Me invitaron a ir al estadio y les dije que sería feliz entrando allá. Nunca he entrado al Metro, el Metropolitano de Barranquilla. Y lo más triste, tampoco he entrado al glorioso e histórico estadio Romelio Martínez, cuna del Caballero del Deporte y hoy en día, declarado Monumento Nacional de Colombia. 


Nunca he visto a la Selección Colombia en Barranquilla. Tampoco he ido a un partido que enfrente a mis dos equipos: el América y el Junior. Mi relación con el fútbol ha sido mediatizada por la tv, la radio, e internet. He ido muchas veces a distintos estadios en varias ciudades y casi me convierten en hincha del Atlético Nacional. Conservo, como un precioso tesoro, una foto de aquel Pipe de 3 años, con la camiseta del equipo de Medellín, uno de los más importantes rivales de mi América. No soy caleño, ni costeño y mi pasión por el fútbol no está supeditada al lugar donde nací, ni crecí, sino a los lugares donde crezco humanamente, donde se inspira mi obra literaria. Estuve a punto de volverme hincha del Once Caldas, pero esa historia no la pienso narrar ahora. 


En Puerto Colombia entrevisté al padre de Carlos Bacca. Y allí también entrevisté a varios niños apasionados por el deporte. Hablé con una leyenda olvidada que me dijo haber pateado el balón con Marcos Coll. 


En las playas cercanas al Puerto, un niño de 10 años me goleó en la playa, donde improvisamos dos arcos de banquitas playeras sin el palo travesaño, es decir, dos arcos con apenas dos ángulos cada uno. Ganó él y yo aprendí a patear mejor el balón en la playa, a medio día.


Su técnica, la de este talentoso niño, es equiparable a la del Pibe Valderrama, a la de Juan Camilo Portilla. Su ímpetu, el de Luis Díaz, su carácter, el del mar y su determinación para vencerme, la determinación de Catalina Usme. 


Gracias a Dios pudimos jugar con un balón que me vendieron en el almacén de las Tres B, donde llegué guiado por César Ahumada, el tío del talentoso jugador colombiano. A don Gilberto Bacca, de Soledad Atlántico, le agradezco por recibirme en su hogar y por lucir con orgullo la camiseta del Junior, tu papá. Conversamos y le dije que admiraba lo que él y su señora esposa, doña Eloisa del Socorro Ahumada QEPD, permitieron: Carlos Bacca desarrolló su talento por lo que más le gustaba: patear el balón.


Don Gilberto Bacca conoció la infidelidad de un escritor hincha del América de Cali y ahora del Junior
NO ES INFIDELIDAD SER HINCHA DEL JUNIOR Y DEL AMÉRICA

Su tío, César, hermano de doña Eloisa, me acompañó a darles un poco de mi experiencia a un grupo de niños que descansaban luego de un exigente entrenamiento en la gloriosa Cancha de Fútbol Carlos Bacca, cuna de futuros talentos. Con el ímpetu del sol a medio día, sin la sombra de las palmeras o los techos cubiertos, les dije a estos niños que era mil veces mejor jugar con el balón que jugar con las pantallas de los teléfonos celulares. Alguno de esos niños, si sigue el camino de la pasión y la disciplina, podrá ser otro Carlos Bacca, otro Lucho Díaz, otro Juan Camilo Portilla, otro Pibe Valderrama, entre tantas glorias de nuestro fútbol colombiano.


Tengo esperanza en el fútbol, en el deporte más bello del mundo. A partir del lunes 4 de agosto, en las tardes, encontrarás En el Ángulo en los medios oficiales de la Casa Escarlata. Eso sí, recemos para que mi obstinación por ser hincha de más de un equipo profesional, no riña con los carcelarios egoismos de los radicales. Recemos para que mi determinación no sea vista como una imperdonable infidelidad deportiva. 


Viva la libertad, viva el deporte. Esta noche, para comenzar el mes de agosto, a las 8:33 pm (Col), en un “en vivo” a través de la cuenta en Instagram de @elrelatodeldomingo publicaré otro relato y anunciaré lo que viene para el cierre del año en El Relato del Domingo...


Autor: Luis Felipe Jiménez @Felipepoet

Todos los derechos reservados. Este texto ha sido registrado en dos plataformas que reconocen y hacen respetar el derecho de autor.

 
 
 

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